HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA CON LOS SISTEMAS ANTIPOLUCIÓN EN VEHÍCULOS COMERCIALES

ANULANDO LOS SISTEMAS DE CONTROL DE EMISIONES

Editorial Revista Latinobus No. 47

A pesar de las tendencias negacionistas que promulgan que el cambio climático es una utopía promovida por gobiernos progresistas, las consecuencias del uso masivo de combustibles fósiles en el último siglo han transfromado la manera tanto de construir los vehículos, como la formulación de los derivados del petróleo que permiten su movilización.

Pasamos en apenas veinte años en tener emisiones altamente nocivas para la salud, a utilizar vehículos que únicamente emiten vapor de agua a través de sus escapes. Ni qué decir de la avanzada de los fabricantes para la sustitución de vehículos importados por combustibles fósiles, pasando a las nuevas unidades eléctricas impulsadas por baterías, hibridación e incluso, unidades movidas por hidrógeno mediante la tecnología de pilas de combustibles.

Uno de los escenarios donde más se ha trabajado en la tecnología para la reducción de las emisiones, es el transporte urbano; a tal punto que en las últimas licitaciones para renovación de flota del sistema Transmilenio, el componente ambiental ha tenido vital importancia, convirtiéndose en el factor decisivo en las pujas para la operación de transporte en la capital colombiana. Casi 3.000 unidades entre diésel Euro 5, diésel y gas natural Euro 6 y eléctricas, ahora hacen parte del tráfico bogotano, dejando la metrópoli a las puertas de convertirse en la ciudad con la flota de vehículos de transporte público de bajas y cero emisiones más grande de Latinoamérica. Pero parece que esto sólo quedará en los registros y en la práctica no se logrará, gracias al “ingenio criollo”.

Muchos de nuestros lectores conocen cómo funcionan los sistemas de postratamiento de gases y su dependencia de la úrea automotriz para funcionar adecuadamente y realizar el proceso de descontaminación de los residuos que se emiten a la atmósfera. Una transición bien llevada por muchos operadores tanto de ciudad como de carretera, además de los distribuidores de combustible que hicieron la tarea de surtir a sus clientes con el líquido.

Pues bien, ahora tenemos una red nacional de distribución muy bien organizada y establecida, de vendedores de dispositivos electrónicos que se encargan de “engañar” a la ECU de los vehículos para que no sea necesario utilizar úrea. Estos personajes, que incluso utilizan como fachada compañías de electrónica y venta de accesorios automotrices, ofrecen incluso a domicilio, la instalación de los aparatos que se encargan de enviar una falsa seña a los sensores de NOx (componente altamente tóxico que genera irritación en la piel y las vías respiratorias) indicando que la calidad de los gases de escape es óptima y no se requiere el uso del aditivo. Además adiestran a los “avispados” clientes sobre cómo evadir los controles antipolución y hasta les indican, cómo mantener el nivel de úrea en el depósito para burlar la ley.

Estaba cantado que tarde o temprano esto iba a suceder, y que a un puñado de imbéciles les iba a poder más la ambición por ahorrarse unos pesos, que el respeto por el medio ambiente y la conciencia futura de sus descendientes. Pero, ¿licitar para operar vehículos bajo ciertas condiciones y después inclumplirlas no debería acarrear consecuencias? ¿no están las autoridades ambientales y de transporte capacitadas para verificar que los transportadores cumplan las regulaciones vigentes? ¿No le caba responsabiliad al personal técnico que guarda silencio ante esta situación?

Amanecerá y vermos, aunque poco respiraremos.

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