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Terminales de transporte: ¿Qué puede aprender Colombia de México?

El crecimiento urbano de las principales ciudades de México y Colombia ha impulsado la búsqueda de soluciones para organizar el transporte terrestre de pasajeros. Aunque ambos países cuentan con terminales descentralizadas, la experiencia mexicana se diferencia por la transformación que comenzó en Ciudad de México durante los años setenta: concentrar los servicios foráneos en grandes centrales ubicadas cerca de las principales salidas carreteras.

Dos caminos para organizar el transporte

Durante la década de 1970, Ciudad de México avanzó en la descentralización de las terminales de autobuses, con la puesta en operación de cuatro grandes centrales entre 1973 y 1979: Norte, Sur, Oriente y Poniente. La estrategia buscaba retirar las operaciones de diferentes sectores del centro urbano y organizarlas en puntos estratégicos según los corredores carreteros. Esta transformación respondió a una política de ordenamiento urbano y del transporte; no debe interpretarse como resultado exclusivo de una única ley federal de los años setenta.

El modelo mexicano también permite diferentes esquemas de administración: terminales compartidas por varias compañías, instalaciones operadas por grupos transportadores y terminales desarrolladas por particulares o entidades públicas. Así, algunas empresas pueden gestionar su propia infraestructura para coordinar despachos, controlar espacios y centralizar servicios, siempre dentro del marco normativo aplicable.

En Colombia, Bogotá y Medellín también han desarrollado infraestructuras para distribuir las operaciones del transporte intermunicipal. Bogotá cuenta con las terminales de Salitre y del Sur, mientras Medellín dispone de las terminales del Norte y del Sur. Estas instalaciones acercan los servicios a distintos sectores de la ciudad y facilitan la conexión con las vías regionales. Sin embargo, existe una diferencia importante: en Colombia, las terminales satélite o periféricas se conciben normativamente como unidades complementarias de una terminal principal y dependen de su administración. Su puesta en funcionamiento requiere autorización del Ministerio de Transporte y el cumplimiento de requisitos técnicos, urbanísticos y de conectividad. No equivalen necesariamente a terminales independientes pertenecientes a una empresa transportadora.

¿Puede Colombia avanzar hacia otro modelo?

La posibilidad de desarrollar terminales vinculadas a empresas o grupos transportadores merece evaluación, especialmente en ciudades con alta demanda y corredores de salida congestionados. No obstante, su implementación dependería de la viabilidad financiera, la planificación urbana y las autorizaciones correspondientes.

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La comparación demuestra que descentralizar no significa únicamente construir más terminales. También implica definir quién las administra, cómo se distribuyen los despachos y de qué manera se conectan con el transporte urbano.

México ofrece una experiencia útil para analizar cómo la infraestructura puede adaptarse al crecimiento de las ciudades. Para Colombia, el reto consiste en evaluar qué elementos de ese modelo pueden complementar el sistema actual y mejorar la movilidad sin duplicar instalaciones ni fragmentar la operación.

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