
Ya casi se cumplen cuatro meses desde que el nuevo gobierno ocupó su lugar en la Casa de Nariño. A menos que usted esté completamente aislado de las redes sociales y los noticieros (o que no le interese participar de los congresos de transporte), si es un empresario del sector, debería estar algo inquieto dados los confusos mensajes que le entrega al gremio el señor Presidente de la República y su gabinete.
Y es que las “salidas en falso” ya no se entienden como una afirmación fuera de contexto sujeta a interpretación, sino que muchas veces, se convierten en ataques directos que parecen buscar acrecentar el descontento popular.
Hace dos semanas, en medio de una alocución en Buenaventura, el mandatario afirmó que “las 4G únicamente sirven para desperdiciar plata e importar productos beneficiando a los ricos”, ignorando no sólo que los productos de exportación también necesitan vías adecuadas para llegar a los puertos, sino que por esas mismas rutas van los buses.
A pesar de la proliferación de la filosofía “low cost” en las aerolíneas (que cada vez son más “full cost”), los buses siguen siendo el principal medio de transporte intermunicipal de los colombianos, pues por cada 4 pasajeros que viajan por tierra en Colombia, solo 1 lo hace en avión.
Lo más terrible de la afirmación, es el real estado de las famosas vías 4G, caminos que, a pesar de cobrar costosos peajes, tienen un mantenimiento paupérrimo que causa demoras, accidentes y averías, que obviamente terminan alterando la rentabilidad y seguridad de la operación, afectando a empresarios y pasajeros por igual.
Por si esto fuera poco, y ante la mirada incrédula de los cibernautas, hace una semana, el Presidente Petro publicó a través de Twitter la siguiente pregunta: “¿Si el Diésel no aumenta de precio, por qué sí los pasajes de los buses?”, en referencia a la inminente alza de fin de año en los tiquetes urbanos e intermunicipales.
La “pregunta” realizada sólo puede tener dos interpretaciones. O denota un total desconocimiento de la estructura de costos de la industria del transporte, o busca aumentar el descontento popular hacia los empresarios, ahondando en el caduco discurso de la lucha de clases que tanto daño le hace a nuestro país.
El combustible, aunque es uno de los más importantes, alcanza sólo el 30% en la torta de los costos operativos del transporte en autobús. El otro 70% está representado en elementos como lubricantes, llantas, insumos, peajes, dotaciones, mantenimiento, urea, seguros, intereses, tasas de uso, telemática, servicios electrónicos de comercialización, tecnología y por supuesto, el costo de la mano de obra, cada vez más escasa y menos calificada.
Hay una realidad ineludible, y es que las tarifas actuales del transporte no están acorde los costos de operación. Por citar un ejemplo, hace 7 años un pasaje Bucaramanga – Santa Marta en temporada baja podía costar $72.000. Hoy, en la misma empresa y época del año, el mismo tiquete no vale más de $80.000 (menos de 10% de aumento), mientras que el salario mínimo se ha elevado más del 50% desde 2015.
La cereza en el pastel: el ministro de Transporte, Guillermo Reyes, acaba de anunciar que los pasajes aéreos subirán de 30 a 40% en 2023. Esta vez, sin cuestionamientos por parte del primer mandatario de los colombianos.
