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EDITORIAL EDICIÓN 56: Y AHORA, ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

Ya casi se cumplen cuatro meses desde que el nuevo gobierno ocupó su lugar en la Casa de Nariño. A menos que usted esté completamente aislado de las redes sociales y los noticieros (o que no le interese participar de los congresos de transporte), si es un empresario del sector, debería estar algo inquieto dados los confusos mensajes que le entrega al gremio el señor Presidente de la República y su gabinete.

Y es que las “salidas en falso” ya no se entienden como una afirmación fuera de contexto sujeta a interpretación, sino que muchas veces, se convierten en ataques directos que parecen buscar acrecentar el descontento popular.

Hace dos semanas, en medio de una alocución en Buenaventura, el mandatario afirmó que “las 4G únicamente sirven para desperdiciar plata e importar productos beneficiando a los ricos”, ignorando no sólo que los productos de exportación también necesitan vías adecuadas para llegar a los puertos, sino que por esas mismas rutas van los buses.

A pesar de la proliferación de la filosofía “low cost” en las aerolíneas (que cada vez son más “full cost”), los buses siguen siendo el principal medio de transporte intermunicipal de los colombianos, pues por cada 4 pasajeros que viajan por tierra en Colombia, solo 1 lo hace en avión.

Lo más terrible de la afirmación, es el real estado de las famosas vías 4G, caminos que, a pesar de cobrar costosos peajes, tienen un mantenimiento paupérrimo que causa demoras, accidentes y averías, que obviamente terminan alterando la rentabilidad y seguridad de la operación, afectando a empresarios y pasajeros por igual.

Por si esto fuera poco, y ante la mirada incrédula de los cibernautas, hace una semana, el Presidente Petro publicó a través de Twitter la siguiente pregunta: “¿Si el Diésel no aumenta de precio, por qué sí los pasajes de los buses?”, en referencia a la inminente alza de fin de año en los tiquetes urbanos e intermunicipales.

La “pregunta” realizada sólo puede tener dos interpretaciones. O denota un total desconocimiento de la estructura de costos de la industria del transporte, o busca aumentar el descontento popular hacia los empresarios, ahondando en el caduco discurso de la lucha de clases que tanto daño le hace a nuestro país.

El combustible, aunque es uno de los más importantes, alcanza sólo el 30% en la torta de los costos operativos del transporte en autobús. El otro 70% está representado en elementos como lubricantes, llantas, insumos, peajes, dotaciones, mantenimiento, urea, seguros, intereses, tasas de uso, telemática, servicios electrónicos de comercialización, tecnología y por supuesto, el costo de la mano de obra, cada vez más escasa y menos calificada.

Hay una realidad ineludible, y es que las tarifas actuales del transporte no están acorde los costos de operación. Por citar un ejemplo, hace 7 años un pasaje Bucaramanga – Santa Marta en temporada baja podía costar $72.000. Hoy, en la misma empresa y época del año, el mismo tiquete no vale más de $80.000 (menos de 10% de aumento), mientras que el salario mínimo se ha elevado más del 50% desde 2015.

La cereza en el pastel: el ministro de Transporte, Guillermo Reyes, acaba de anunciar que los pasajes aéreos subirán de 30 a 40% en 2023. Esta vez, sin cuestionamientos por parte del primer mandatario de los colombianos.

¿CÓMO SERÁ EL TRANSPORTE DENTRO DE CUATRO AÑOS?

EDITORIAL REVISTA LATINOBUS EDICIÓN 53

El nuevo gobierno ha planteado un sinnúmero de cambios (y también incógnitas) que impactarán significativamente, durante los próximos años, el desarrollo del transporte en todas sus modalidades. Con ello, lo entes gubernamentales deberán desarrollar varias agendas en temas tributarios, normatividad, contratación laboral, seguridad, tecnología, matriz energética y sanciones, entre otros. Los siguientes meses serán claves para establecer las reglas de juego que acompañarán a la movilización de pasajeros y carga en el futuro.

Las organizaciones gremiales han estado en acercamientos, primero con las comisiones de empalme y posteriormente, con los funcionarios del gobierno designados para estructurar las políticas que regirán el transporte. Los gremios han buscado los espacios que permitan presentar a los entes gubernamentales, las preocupaciones del sector y las propuestas para solucionarlas, además de su interés para trabajar de la mano, en la búsqueda de un beneficio común.

Uno de los temas fundamentales será la lucha frontal contra la informalidad y la ilegalidad, no solo porque ha llegado a absorber el 40% de la demanda en algunos sectores del transporte de pasajeros; también por las prácticas desleales que pasan en frente de las autoridades sin ninguna sanción, mientras los empresarios formales soportan todo el peso de las leyes. Más que las decisiones y políticas públicas, las dificultades de las cadenas de suministro, la carestía o la escasez de personal, la principal amenaza para la industria son quienes ofrecen servicios sin regulación alguna.

El transportador debe ver su actividad más como una tarea empresarial y no un simple oficio. Por ello, tendrá que hacer rápidamente una radiografía de sus dolores de cabeza y establecer la visión de su negocio en los siguientes años. Así las cosas, tendrá que participar activamente en la construcción de las políticas y hacerse visible en los próximos encuentros gremiales, donde las agendas estarán en torno a lo que planteen los responsables del gobierno y trabajar junto a sus colegas, pues tal vez después no existan otras oportunidades de diálogo cercano y construcción.

Los empresarios no deben esperar a que queden en firme las normas que podrían cambiar su negocio, sin estar preparados para los cambios. Si se replantea la operación de las EPS (grandes contratantes y deudoras de los servicios especiales), por ejemplo, ¿qué pasará con las deudas y cómo se reemplazará esa fuente de ingresos? Si cambiaran los esquemas de contratación y vinculación del personal, si se define una nueva política de sanciones que también obligue a responder a los contratantes de los servicios en caso de siniestro o que el empresario pueda lograr que un autobús sea considerado un bien de capital y no de consumo, ¿estará el profesional del transporte capacitado y listo a reaccionar al cambio?

Empresarios, operadores e inversionistas: asistan a los congresos, encuentros y simposios, lleven sus ideas, participen con otros colegas del sector, y al salir, actúen para liderar los cambios al interior de sus compañías para lograr la transformación de sus negocios. Los escenarios estarán disponibles esperándolo, nuevos personajes han sido designados en la cartera de transporte y es su responsabilidad estar presente y dar a conocer a los entes gubernamentales las principales dolencias y oportunidades del sector.

DE REDES Y CLICKS: LA IMPORTANCIA DEL CORRECTO MANEJO DE LAS REDES SOCIALES EN EMPRESAS DE BUSES

TRES ASPECTOS BÁSICOS HAY QUE ENTENDER

Editorial Latinobus Revista 45 – Charlie Rodríguez

Todos tenemos una tía con ideas que se cree experta en epidemiología porque lee teorías conspirativas en un grupo de WhatsApp; un cuñado que dice saber más de carros que el mismo José Clopatofsky (pero maneja un zastava engallado), un amigo que se las da de gourmet y especialista en cocina fusión porque le agrega salsa de maracuyá a un rígido filete de carne frita, o una prima que siempre vive a la moda y no perdona catálogo de Avon o Yanbal porque lo encarga enterido (y fiado).

Este tipo de sabelotodo parece ser inofensivo cuando libera sus conceptos en el ámbito familiar, pero cuando sus “sabios” consejos llegan al territorio empresarial, los resultados pueden ser catastróficos. Desafortunadamente, muchas de las pequeñas y medianas empresas del país, como lo son las de transporte, no son inmunes a estas influencias, producto del desconocimiento y la falta de preparación de sus directivos. El campo del marketing digital y de la comunicación, es uno de los más subvalorados y de paso, el que con mayor frecuencia se deja en manos inexpertas como “el sobrino que le gusta fregar con el celular”, “el primo que maneja bien el Photoshop”, o “la hija de la vecina que sabe hacer de Community Manager”.

El manejo de las redes sociales en las empresas de transporte, debe ser realizado por personas o compañías profesionales y especializadas en el tema, que comprendan las particularidades del sector y permitan fortalecer la comunicación primaria con el cliente, generando conversión (venta de tiquetes) y posicionamiento de marca.

Aquí, algunos consejos para su correcto manejo:

Claridad en el uso de Marca: No sólo se trata de que las piezas publicadas en redes sociales se vean “bonitas”. Debe existir una línea gráfica coherente con uniformidad en el manejo del estilo, colores, fuentes y diagramación con el fin de generar confianza en el cliente.

Coherencia en el lenguaje: Tanto en las publicaciones como en el manejo de los chats y mensajes directos a los clientes, la buena ortografía, el respeto, la buena redacción, la precisión de los datos entregados y la velocidad de la respuesta son la clave para comunicar de forma profesional.

Orientación Comercial: Toda publicación debe tener un “call to action” comercial, es decir un link hacia una página, formulario de venta o línea telefónica que permita concretar la compra del pasaje. La atención al cliente de manera interna a través de redes sociales debe estar orientada al cierre de la venta, mediante enlaces al comercio electrónico y generar ventas en tiempo real. Usar las redes para guiar a los usuarios a llamar a otro teléfono, o enviarlos a comprar en taquilla, significa abrir la puerta a que encuentren otras opciones y elijan a la competencia.

Oportunidad y Relevancia: Las redes sociales son públicas, y son un poderoso canal de contacto con el cliente. Utilizarlas con fines políticos, para enviar información interna de la empresa o publicaciones irrelevantes como el “día internacional del tajalápiz” sólo alejarán a nuestra audiencia.

“CON TODO EN CONTRA”. EDITORIAL REVISTA 41 LATINOBUS

Redacción Colombiabus – Charlie Rodríguez

EL HEROÍSMO DE LOS TRANSPORTADORES

La doctrina impartida a las nuevas generaciones desde escuela, academia y medios de comunicación, será la culpable de nuestro fracaso como sociedad. Nada más triste, que ver como han aleccionado a los jóvenes, enseñándoles que tienen derechos, derechos y más derechos, pero ningún tipo de obligación. Que el simple hecho de crecer en medio de carencias, los hace merecedores a títulos, cargos y pagos que realmente, no se han ganado, y que la forma de combatir la corrupción, el despilfarro y la inequidad, es acabando con todo cuanto encuentren a su alcance. Ya sea infraestructura, tradiciones, monumentos, empresas, medios de transporte y hasta otras personas.

Y son los transportadores de pasajeros, al fin y al cabo, quienes terminan siempre pagando los platos rotos que no se alcanzaron a destrozar durante las cuarentenas; ya sean los que han invertido grandes sumas para hacerse operadores de los sistemas masivos, o los pequeños que aún poseen y hasta conducen un microbús urbano. Empresarios víctimas del vandalismo, la extorsión y la violencia de las protestas callejeras, que a la fecha, suman millonarias pérdidas entre buses destrozados e infraestructuras inservibles.

Las empresas de transporte especial, que poco a poco empezaban a levantarse con la aparición de la alternancia escolar, y el regreso de empleados al trabajo presencial, también se ven afectados, no sólo por los bloqueos que restringen la movilidad, sino que el temor hace que los empleadores vuelvan al tele trabajo, restrinjan las operaciones presenciales y debido a las pérdidas, limiten sus presupuestos para la contratación de servicios; ni qué decir de los colegios, más ahora que las aglomeraciones pasan factura al sistema de salud, y alejan cada vez más a los niños de las aulas privadas, mientras que las “asambleas Permanentes” de los maestros oficiales, prácticamente impiden la operación de los colegios públicos.

Si este panorama no es preocupante y desolador, ¿qué podemos decir de los transportadores de carretera, quienes son tal vez, los más afectados
por la situación de orden público en el país? Algunos de ellos, llevan más de 35 días de suspensión de actividades por temor a caer en los retenes
ilegales, mientras ven acumular con angustia sus deudas de nómina, créditos, combustibles, parafiscales y proveedores.

La olla está raspada. Los bancos, más que alivios, lo que hicieron fue lucrarse de la desgracia, refinanciando créditos hasta plazos interminables, y por su parte, los terminales de transporte no rebajan
media en sus tasas de uso y hasta se inventan cobros nuevos como el de Bogotá; para colmo de males, la Superintendencia de Puertos y Transporte, se ensaña desempolvando procesos sancionatorios por doquier y ataca sin piedad a los caídos, mientras que el gobierno nacional sigue limitando la capacidad de los buses, pero anuncia con bombos y platillos apertura de bares.

Heróes hay en todo el país, pero como los transportadores, pocos. Testarudos y emprendedores, que avanzan aún teniendo todo en contra

EDITORIAL COLOMBIABUS EDICIÓN 36: VOLVIMOS A LA RUTA

Por: Charlie Rodríguez.

VOLVIMOS A LA RUTA

La pandemia derivada de la propagación de la enfermedad Covid-19 representado un nuevo orden global en la mayoría de las actividades humanas y el transporte de pasajeros no podía ser la excepción.

Aunque el servicio urbano continúa operando con restricciones, movilizando a aquellos que por fuerza mayor debían seguir dinamizando la cadena productiva y de suministros, la para en los segmentos especial, escolar e intermunicipal fue casi total, representando pérdidas multimillonarias para el sector, que de acuerdo con los cálculos realizados por las agremiaciones como el consejo superior del transporte y Colombiabus, involucra a casi un millón de colombianos en su cadena productiva.

Fueron cinco meses de detención que pusieron a prueba la solidez del gremio y su capacidad de adaptación pero que sobre todo, que han dejado muchas enseñanzas para todos quienes derivan su sustento de la movilización de personas, entre ellas, la necesidad de fortalecer la unión entre las compañías operadoras, de cada a presentarse ante las autoridades de transporte y el gobierno nacional como una fuerza necesaria e imprescindible para el devenir nacional esa capacidad de cohesión es la que hace que además la opinión pública, los medios de comunicación masivos y la banca, le den seriedad al caso de un a un gremio que mueve más de 200 millones de pasajeros al año.

Y es que al ver que el gobierno nacional pretende desembolsar a título de préstamos cerca de 370 millones de dólares para ayudar a la reactivación de la otrora “Aerolínea de Colombia”, el escozor y descontento se agudizan durante la cuarentena los recursos estatales para apoyar al sector transporte durante la pandemia fueron íntimos, el acceso a los mismos una utopía y la persecución a través de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales, la Supertransporte y el Ministerio de Protección Social, el pan de cada día.

A pesar de las adversidades, empresarios, conductores, propietarios personal de logística, la cadena de suministros del sector, carroceros, fabricantes de chasises, aseguradores y hasta nuestra revista, volvimos a la ruta fortalecidos y convencidas que somos una fuerza indispensable para el crecimiento del país una nación que se mueven bus, que se conecta a través de sus maltrechas carreteras y que necesita de sus compañías de transporte para seguir adelante.

Esta nota es un homenaje a todos quienes estoicamente logramos soportar estos meses en casa, pero que debemos continuar sobre ruedas para seguir haciendo empresa, así seamos considerados “sujetos de alto riesgo” por la banca, que no entiende que lo que realmente representa un riesgo, es dejar incomunicado al país.

Nuestros mejores deseos en el regreso a la ruta desde este, el canal del autobús en Colombia.

EDITORIAL: EL TRANSPORTE EN TIEMPOS DE AISLAMIENTO

La situación sanitaria actual cambiará para siempre la forma en que interactuamos, nos transportamos y generamos relaciones interpersonales. ¿Están preparadas las empresas de transporte para lo que venga después?

La expansión de la epidemia del COVID 19, más conocido como Coronavirus, ha demostrado con creces lo vulnerable que es el orden establecido en nuestra sociedad actual. Un agente inesperado cambia por completo la forma de trabajar, estudiar, relacionarnos y por supuesto, viajar. Ahora, los saludos de mano, los besos en la mejilla y hasta los abrazos están mal vistos; quien sabe si meses después de que el virus se haya controlado, esas costumbres sigan en desuso.


En el sector transporte, las aerolíneas han sentido con rigor el embate de la enfermedad, teniendo que dejar flotillas enteras en tierra debido a las restricciones de movilidad y la baja demanda de vuelos internacionales debido al temor del contagio. Las piezas de recambio fabricadas en países asiáticos escasean, y en Colombia, con el dólar por encima de los $4000, se altera de inmediato el esquema de costos y la operación de las empresas.

En el transporte terrestre, la contingencia no ha sido diferente. Las empresas han comenzado a sentir la merma en las ventas, obligando a limitar las frecuencias y racionalizar los recursos para poder sostener la operación. Sin embargo, la necesidad de movilización sigue latente, y aunque de acuerdo con las autoridades sanitarias lo más prudente en este momento es la “cuarentena” voluntaria, situaciones familiares, comerciales y académicas obligan a millones de personas a tomar un autobús. Teniendo una demanda mermada en casi el 50%, se plantean varios interrogantes de cara al presente y futuro de la situación sanitaria. ¿Cómo responderán los transportadores ante esta eventualidad? ¿qué tanto se verá afectada la liquidez de los propietarios con vehículos detenidos y cuentas por pagar? ¿cómo se comportará la demanda en Semana Santa y en lo que resta de 2020?


Lo primero a tener en cuenta, es que la era en que los pasajeros iban a “comprar” es cosa del pasado. Ahora, las compañías deben salir a “vender” sus productos, mas allá de ofrecer vehículos con vistosas luminarias o contratar revoladores o taquilleros que a grito herido promocionen servicios en un terminal de transporte. Es necesario que fortalezcan sus canales de comercialización online, su comunicación virtual y que las ventas se realicen de manera inteligente, corporativa y anticipada. Publicidad en medios especializados, actividades virtuales de activación, mercadeo digital, promociones, servicios de valor agregado y fidelización son la clave para cautivar al pasajero quien está muy cerca de tomar una decisión de compra, y muy lejos de una terminal.


Pero de otro lado, está la protección de la integridad de quienes hacen parte de la comunidad transportadora en nuestro país. Promover los correctos hábitos de higiene y alimentación entre conductores, despachadores, personal de mantenimiento y pasajeros, serán clave para dar cara no sólo a esta epidemia, sino a las que han de venir, porque como está demostrado, la fragilidad de la especie ha quedado más que evidente, y la vulnerabilidad de nuestra raza, plagada de artefactos tecnológicos pero desprovista de un sistema inmunológico capaz, a flor de piel.