¿Taxista sin ser taxista?

El taxi, como lo conocemos, podría estar entrando en una nueva etapa. Durante décadas, la fórmula fue sencilla: un vehículo, un conductor y un pasajero. La conducción autónoma propone cambiar esa relación y convertir al automóvil en una unidad capaz de prestar el servicio por sí misma. La presentación del nuevo Cybercab de Tesla vuelve a poner esta discusión sobre la mesa, pero su llegada merece ser observada con perspectiva. Mientras Tesla presenta un vehículo diseñado desde su origen para operar sin conductor, Waymo ya acumula más de 220 millones de millas recorridas completamente de manera autónoma, convirtiendo la discusión en algo más que una promesa tecnológica.

Tesla cambia el concepto

El Cybercab representa una ruptura con el automóvil convencional. Su principal novedad no está solamente en que puede desplazarse de manera autónoma, sino en que fue concebido alrededor de esa función. Tesla presentó en Austin un vehículo especialmente desarrollado para servicios de taxi sin conductor, sin volante ni pedales. Es decir, desaparecen elementos que durante más de un siglo fueron indispensables para controlar un automóvil.

La decisión tiene una lectura interesante. Tesla no está simplemente tomando un vehículo convencional y retirando al conductor; está planteando qué automóvil tendría sentido si nadie necesita conducirlo. Entra a un vehículo cuya razón de ser es precisamente llevarlo de un punto a otro sin intervención humana. Pero esta novedad también plantea una pregunta: ¿qué tan cerca está este concepto de convertirse en una solución masiva?

Waymo parte de otro punto

Aquí aparece el contraste. Waymo no está presentando ahora su primer robotaxi. Su tecnología lleva años acumulando operación en condiciones reales y actualmente registra 220,6 millones de millas recorridas sin un conductor humano a bordo, con operación en ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Phoenix, Austin y Atlanta.

Su propuesta tampoco depende de eliminar todos los elementos del automóvil convencional. La sexta generación del Waymo Driver utiliza un conjunto de cámaras, radar y LiDAR para interpretar el entorno y tomar decisiones de conducción. La redundancia entre sensores es parte fundamental de su arquitectura.

Dos caminos, un ideal

El nuevo idealismo alrededor del robotaxi propone algo que hace pocos años parecía reservado a la ciencia ficción: solicitar un vehículo mediante una plataforma, subir como pasajero y dejar que la máquina se encargue del recorrido. Pero convertir esa idea en transporte cotidiano requiere mucho más que autonomía. Hay que resolver seguridad, regulación, infraestructura, mantenimiento, disponibilidad, comportamiento ante situaciones imprevistas y, especialmente, la confianza del usuario.

Los más de 220 millones de millas de Waymo permiten observar el comportamiento de esta tecnología a una escala que Tesla apenas comienza a construir con el Cybercab. Waymo reporta, además, menores tasas de determinados tipos de siniestros frente a referencias de conductores humanos en sus áreas de operación, aunque estas comparaciones deben interpretarse considerando las condiciones y metodología utilizadas. Por eso, el verdadero avance no debería medirse solamente por la ausencia de volante o pedales. También debe medirse por la capacidad de operar de manera segura, repetible y económicamente sostenible.

Un taxi sin conductor

Si el vehículo puede realizar recorridos sin una persona al volante, el modelo tradicional del taxi comienza a modificarse. El automóvil deja de depender directamente de las horas de trabajo de un conductor y puede convertirse en un activo conectado a una plataforma. En ese escenario aparece una idea que podría transformar el negocio: ser taxista sin ser taxista.

El propietario podría tener un vehículo dedicado al transporte de pasajeros sin conducirlo personalmente. La operación podría estar gestionada mediante una plataforma que asigna viajes, mientras alrededor del vehículo surgirían nuevas necesidades de mantenimiento, limpieza, recarga, supervisión y administración de flota.

El verdadero desafío

El Cybercab resulta llamativo porque lleva hasta sus últimas consecuencias la idea del vehículo autónomo: si nadie conduce, ¿por qué conservar volante, pedales o un puesto de conducción? Waymo, en cambio, demuestra que el camino hacia esa movilidad también pasa por acumular experiencia, kilómetros y datos en las calles antes de transformar completamente la arquitectura del vehículo.

Ese contraste es probablemente lo más interesante de esta nueva etapa.

Tesla propone imaginar cómo debería ser el taxi cuando el conductor ya no sea necesario. Waymo muestra qué significa hacer funcionar esa idea durante millones de kilómetros. La pregunta será entonces diferente: ¿quién será el propietario del vehículo, quién administrará la plataforma y quién controlará los ingresos de cada recorrido? Tal vez el próximo taxista no conduzca. Tal vez administre una unidad autónoma, una pequeña flota o incluso una red completa.