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Editorial Edición 61: El relevo generacional en las empresas del sector

Por: Charlie Rodriguez, Director Latinobus




La gran mayoría de empresas de transporte, carroceras, concesionarios e incluso constructores de partes, son compañías familiares que, por décadas, han permitido que millones de colombianos lleguen a destino, uniendo territorios y generando lazos de comercio que dinamizan las regiones.

Y es precisamente esa vocación de “compañía limitada”, que hoy poco se menciona por la aparición de las “SAS”, la que en muchas oportunidades les da solidez a las organizaciones, pero en otras, las condena al fracaso cuando las segundas o terceras generaciones no se interesan en el futuro del negocio, o toman decisiones equivocadas.

Si ahondamos en el tema de las empresas de transporte terrestre, hay patrones comunes que nos permiten diferenciar las compañías de familia, de las cooperativas. En las primeras, casi siempre hay un patriarca como pudo ser Fruto Eleuterio Mejía en Flota Magdalena, Eduardo Ramírez Carvajal en Flota Occidental, Octavio Jaramillo Zuluaga en Expreso Palmira, que se encarga de a creación, crecimiento y prospección de la compañía y que con los años entrega el testigo a sus hijos y estos a sus nietos con el fin de prorrogar su legado hacia el futuro.




En el caso de las cooperativas, como los son Copetran, Omega, Coonorte o Coomotor, es la suma de esfuerzos de varias personas las que sientan las bases para la operación del servicio, siendo muchas las familias asociadas para procurar el crecimiento de la empresa. Con el tiempo, sus participaciones, intereses o ideales suelen variar, permitiendo así (si se logra el respectivo consenso entre los cooperados), implementar nuevas ideas de negocio.

No hay una fórmula secreta que permita a una empresa familiar perdurar en el tiempo, pero existe una herramienta que pocos utilizan y permite generar las reglas adecuadas para lograr el equilibrio necesario para su sano crecimiento en el futuro: el protocolo de familia.

Se trata de un documento que suscriben los familiares socios de una sociedad de manera preventiva (antes que se presente cualquier conflicto), a través del cual fijan las reglas que regirán el manejo y administración del negocio familiar. Dicho Protocolo de Familia incluye elementos vitales como un Consejo de Familia que dirima los conflictos entre los familiares socios; un código de conducta y ética para todos los familiares socios; un reglamento laboral; un reglamento de competencia desleal; normas que definan la compensación económica por méritos (bonificaciones y estímulos); normas para la promoción de actividades familiares extra empresariales; el régimen de pensiones, las capitulaciones matrimoniales y las sucesión patrimonial, entre otros aspectos.



Varias firmas de abogados especializadas y Cámaras de Comercio en el país ofrecen diversas dinámicas, programas y metodologías de acompañamiento para la adopción de un Protocolo de Familia estratégico, perdurable y gerencial, que permita mejorar la estabilidad, productividad, y competitividad de las empresas familiares.

De otro lado, y sin que parezca una “imposición”, debe identificarse a tiempo las vocaciones de cada uno de los miembros de la sociedad familiar, con el fin de potenciar sus competencias a través de la educación y el ejemplo, en aras de entregar el testigo de la dirección a las personas adecuadas. Muchos han sido los casos en los que miembros inexpertos, “yernos con ideas” o incluso apoderados legales, quedan al mando de históricas compañías, sólo para dar al traste con los ideales de sus fundadores, que seguro pensaron un mejor futuro para sus familias y sus sueños.