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Editorial ¿Cómo es operar por las vías más difíciles de Colombia?

Edición Latinobus

Colombia no es un país fácil de recorrer. Su geografía, prodigiosa y a veces despiadada, ha convertido el transporte terrestre en algo más que
un servicio: en un acto de voluntad colectiva. Desde las selvas del Chocó hasta las sabanas infinitas de la Orinoquía, pasando por cordilleras que parten el territorio como piezas de papel, hay empresas, conductores y máquinas que cada día se enfrentan a lo que pocos se atreven a llamar por su nombre: la Colombia desafiante.

En el occidente del país, Flota Occidental sostiene con disciplina la conexión entre Risaralda y el departamento del Chocó. Cruzar la serranía del Baudó o descender hacia Istmina no es una ruta cualquiera: es una carretera que cambia de humor con cada aguacero, donde el lodo puede tragarse un carril completo y donde la visibilidad, en temporada de lluvias, se reduce a pocos metros. Aun así, el bus sale. Siempre sale. Porque al otro lado hay comunidades que dependen de esa
llegada puntual.

En el norte de Antioquia, Rápido Ochoa escribe su propia historia sobre el asfalto quebrado que une Medellín con Quibdó. Esta ruta, que atraviesa el Nudo de Paramillo y desciende hacia el Pacífico, representa uno de los corredores más exigentes del país. No se trata solo de llegar a Quibdó: se trata de abastecer poblaciones pequeñas, muchas de ellas sin otro medio de transporte regular, donde el bus intermunicipal es también correo, mensajería y, en muchos casos, el vínculo más concreto con el Estado y el mercado. Aquí, la operación exige conductores con nervios templados y vehículos preparados para el desgaste permanente.

Pero si hay una ruta que concentra toda la épica del transporte colombiano, esa es la de Flota La Macarena en su trazado por la Orinoquía. Desde el Meta hacia el Vichada, cruzando sabanas abiertas que parecen no tener fin, la empresa conecta a Colombia consigo misma en uno de los territorios más extensos y menos intervenidos del continente. Llegar a Cumaribo y Puerto Carreño no es un viaje ordinario: es atravesar el país por su espina dorsal más silenciosa, donde la selva y la llanura se funden y donde los kilómetros sin pavimentar se cuentan por decenas. El calor, la distancia, los ríos que crecen sin aviso y los caminos que desaparecen en invierno forman parte del paisaje cotidiano de esta operación.

Y en el nororiente, la Vía de la Soberanía, que une Norte de Santander, Boyacá y Arauca, mantiene a empresas como Cootranstame, Copetran y Flota Sugamuxi en una tensión permanente entre la necesidad de operar y la exigencia de hacerlo con seguridad. Más de cien kilómetros sin pavimentar, derrumbes estacionales y tramos que apenas permiten el cruce de dos vehículos definen una ruta donde cada viaje es una ecuación de riesgo calculado.

Lo que une a todas estas rutas no es el asfalto “a veces inexistente” sino el compromiso. El de las empresas que invierten en chasises robustos, suspensiones reforzadas y mantenimiento riguroso. El de los conductores que salen de noche para ganarle horas a la lluvia. El de las comunidades que esperan.

En Colombia, el transporte intermunicipal no es solo movilidad. Es tejido social sobre ruedas.

¿Se están agotando los conductores profesionales?

La paradoja del volante en 2026: más tecnología a bordo, menos manos expertas al mando. Suena contradictorio, pero los números no mienten: mientras los vehículos incorporan cada vez más sistemas de asistencia —frenado automático, control de carril, cámaras 360°, GPS predictivo—, la accidentalidad vial no baja. En varios mercados, sube. Y detrás de esa curva ascendente hay un actor que el sector del transporte no puede seguir ignorando: la escasez de conductores con formación sólida y licencias de alta categoría.

Una profesión que pierde atractivo

El déficit de conductores no es un fenómeno exclusivo de América Latina. Europa, Norteamérica y varios países asiáticos llevan varios años alertando sobre el envejecimiento de su fuerza laboral dedicada al transporte.

Las largas jornadas, la responsabilidad de transportar decenas de pasajeros, los procesos de certificación cada vez más rigurosos y el relevo generacional insuficiente han reducido el interés de los jóvenes por obtener licencias profesionales.

En el transporte de pasajeros esto representa un reto aún mayor. No basta con saber conducir un vehículo pesado; también se requieren conocimientos en conducción preventiva, atención al usuario, operación eficiente, protocolos de emergencia, normatividad vial y manejo de nuevas tecnologías embarcadas.

Cada conductor profesional representa años de experiencia acumulada que difícilmente pueden reemplazarse de manera inmediata.

Una brecha que se mide en accidentes

El dato es contundente. Un estudio realizado en Estados Unidos sobre los diez estados con mayor número de licencias encontró que los conductores jóvenes que nunca completaron una formación vial formal se accidentan a una tasa muy superior a la de quienes sí la recibieron: entre 60 % y 67 % más, según el rango de edad analizado. Ningún estado, ni siquiera los de mayor parque automotor, cumple con todos los estándares mínimos de horas de práctica supervisada recomendados por los institutos de seguridad vial. La conclusión es simple: sin formación estructurada, el riesgo no desaparece, solo deja de medirse hasta que ya es demasiado tarde.

España enfrenta un síntoma distinto de la misma enfermedad. Un estudio reciente de la Fundación Línea Directa reveló que tres de cada cuatro conductores “se transforman” al volante, mostrando comportamientos agresivos que jamás tendrían fuera del vehículo. Un tercio admite no respetar límites de velocidad ni distancias de seguridad. El 90 % de los siniestros en carreteras españolas siguen originándose en errores humanos, no mecánicos, y la conducción agresiva multiplica por 30 el riesgo de un accidente con heridos graves.

Más tecnología… ¿menos habilidad? 

Aquí está la paradoja que da título a este artículo. Los sistemas de asistencia al conductor (ADAS), la navegación satelital y los asistentes de voz nacieron para reducir el error humano, pero también generan un efecto secundario poco discutido: la sobreconfianza. Cuando el vehículo “corrige” al conductor, muchos bajan la guardia y reducen su nivel de atención activa. El mismo estudio español lo confirma indirectamente: cerca de un 30 % de los accidentes mortales en carretera se originan en distracciones, y el teléfono móvil es la causa más frecuente. La tecnología que debía formar mejores conductores está, en la práctica, formando conductores más dependientes y menos entrenados en fundamentos. 

Lo que esto significa para el transporte profesional

Para el sector del transporte de pasajeros y carga, esta tendencia tiene un impacto directo. Las licencias de alta categoría —las que habilitan a un conductor para operar un bus intermunicipal, un articulado o un vehículo de carga pesada— requieren años de experiencia progresiva, evaluaciones exigentes y una cultura de responsabilidad que no se improvisa. Si la base de conductores particulares llega cada vez con menos formación real, el fondo de talento del que se nutre el transporte profesional también se reduce en calidad, no solo en cantidad.

Colombia: el problema empieza en la formación

En Colombia el diagnóstico apunta directo a la raíz del sistema. La Agencia Nacional de Seguridad Vial identificó que varios Centros de Enseñanza Automotriz están certificando conductores sin las competencias reales para salir a circular. El análisis, hecho sobre más de mil CEA, cruzó comparendos, siniestros y severidad de los accidentes, y encontró que departamentos como Atlántico, Bogotá, Magdalena, Antioquia y Norte de Santander concentran los centros con peores indicadores de calidad. Si la formación de base es débil, toda la pirámide de categorías superiores —las que exige el transporte de pasajeros y de carga— se construye sobre cimientos frágiles.

Una región completa bajo la lupa

El panorama regional no ayuda a desmentir la tendencia. Entre los países latinoamericanos señalados con mayor accidentalidad y peores prácticas de conducción aparecen República Dominicana, Haití, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Honduras, Bolivia y Jamaica, todos compartiendo factores comunes: uso masivo de motocicletas sin protección adecuada, débil fiscalización, infraestructura deficiente y baja cultura vial. Organismos internacionales coinciden en que América Latina y el Caribe siguen entre las regiones con las tasas más altas de muertes por siniestros de tránsito del mundo.

No se trata de satanizar la tecnología ni de romantizar el pasado. Se trata de entender que ningún sistema de asistencia reemplaza la formación humana estructurada, la práctica supervisada y la disciplina al volante. Los datos de Estados Unidos, España, Colombia y América Latina cuentan, cada uno desde su contexto, la misma historia: donde la formación es débil o inexistente, el riesgo se dispara, sin importar cuántos sensores traiga el vehículo.

¿Qué está pasando con Velotax?

Durante décadas, Velotax ha sido un referente del transporte intermunicipal colombiano y uno de los modelos cooperativos más importantes del Tolima. Sin embargo, la controversia que hoy rodea a la empresa dejó de ser un simple conflicto entre asociados para convertirse en un debate nacional sobre los límites de la intervención estatal en las cooperativas de transporte.

La decisión más reciente de la Superintendencia de Transporte, mediante la designación de un administrador de saneamiento sin que mediara una elección por parte de la asamblea de asociados, abrió un intenso debate jurídico sobre la autonomía cooperativa y el alcance de las facultades de inspección y vigilancia del Estado.

El punto de mayor controversia no es la existencia de investigaciones administrativas, sino la forma en que la autoridad decidió asumir el control de la administración de la empresa. Diversos sectores sostienen que la medida desconoce uno de los principios fundamentales del cooperativismo: que la dirección de la organización corresponde exclusivamente a sus asociados, quienes eligen democráticamente a sus representantes mediante asambleas y consejos de administración.

Precisamente ese argumento ha sido respaldado por dirigentes gremiales, juristas y sectores políticos, quienes consideran que la designación directa de un gerente constituye una intervención sin precedentes en una organización privada de naturaleza cooperativa. La senadora Paloma Valencia aseguró que el Gobierno estaría utilizando interpretaciones administrativas para asumir el control de una empresa que históricamente ha sido administrada por sus afiliados, mientras que los directivos de Velotax insisten en que las decisiones de la Superintendencia aún no se encuentran en firme y continúan siendo objeto de recursos legales.

Desde la otra orilla, la Superintendencia de Transporte sostiene que sus actuaciones buscan garantizar la legalidad, corregir irregularidades detectadas durante varios años de investigaciones y proteger los derechos de los asociados, argumentando que la figura del administrador de saneamiento está contemplada dentro de sus facultades de vigilancia cuando considera que existe un riesgo para la estabilidad institucional.

No obstante, el debate trasciende el caso particular de Velotax. Expertos en derecho cooperativo advierten que la medida podría convertirse en un precedente para cientos de empresas del sector solidario, abriendo la posibilidad de que el Estado designe administradores sin la participación de las bases sociales, un escenario que genera preocupación dentro del transporte colombiano.

La importancia del caso radica en que Velotax no es una empresa convencional. Se trata de una cooperativa cuya máxima autoridad es la asamblea de asociados y donde las decisiones estratégicas, incluyendo la elección de administradores, deben surgir de mecanismos democráticos internos. Por ello, la designación directa de un gerente ha sido interpretada por algunos sectores como una afectación a la autonomía cooperativa protegida por la Constitución y la legislación solidaria Mientras la disputa continúa en los escenarios administrativos y judiciales, la operación comercial de la empresa sigue desarrollándose con normalidad, manteniendo sus rutas y servicios habituales. Sin embargo, el verdadero impacto de esta decisión podría sentirse mucho más allá de Velotax, pues el resultado del proceso definirá hasta dónde puede llegar la facultad de intervención del Estado en las cooperativas de transporte y cuáles son los límites entre la vigilancia administrativa y la autonomía empresarial.

Marcopolo Superpolo25 años moviendo el corazón de nuestras ciudades

Durante un cuarto de siglo, el paisaje urbano de Colombia ha sido testigo
de una transformación silenciosa pero profunda. No se trata solo de metal, chasises o motores; se trata de la posibilidad de llegar a tiempo a un primer empleo, de regresar a casa para abrazar a la familia o de cruzar una ciudad entera para cumplir un sueño.

En el centro de esta evolución está Marcopolo Superpolo, una organización que ha entendido que su verdadera misión no es fabricar autobuses, sino diseñar soluciones de movilidad que conecten el movimiento de las personas con el progreso de sus regiones.

Más que autobuses, soluciones de ingeniería

La historia de estos 25 años se escribe con cifras que impactan, pero sobre todo con historias de vida que se entrelazan en cada trayecto. Con más de 32,000 unidades fabricadas para el mercado colombiano y una presencia internacional que supera las 3,000 unidades exportadas a países como Ecuador, Panamá y Chile, la ingeniería local ha demostrado estar a la altura de los desafíos globales.

Sin embargo, el verdadero éxito de Superpolo no reside únicamente en la salida de fábrica de un vehículo, sino en su capacidad para mantenerse en movimiento. La continuidad operativa” es el pilar que permite que las ciudades no se detengan. A través de un ecosistema de soluciones diseñado para asegurar que cada vehículo opere de manera óptima, la compañía garantiza que el transporte masivo sea un aliado confiable para el ciudadano. Este acompañamiento integral se traduce en una infraestructura sin precedentes en el país:

Presencia Nacional Sedes propias en Bogotá, Barranquilla, Cali y Medellín, respaldadas por una red de talleres de apoyo en todo el territorio.

Asistencia en Ruta: Cinco carros talleres estratégicamente ubicados
en las zonas Centro, Santanderes, Antioquia, Occidente y Costa, listos
para intervenirse requiera.

Respaldo Inmediato: Una disponibilidad de repuestos a nivel nacional que elimina las esperas prolongadas y mantiene la flota activa.

El motor del progreso

Detrás de cada carrocería hay manos colombianas. Superpolo es un generador de bienestar que hoy sostiene más de 1.300 empleos directos y 5.300 empleos indirectos. Es una familia que crece y que se especializa constantemente. La formación no es un accesorio, es una herramienta de transformación: con más de 2,973 horas de capacitación técnica y 573 horas de entrenamiento a clientes y personal operativo, la empresa eleva el estándar de la industria nacional.

Este enfoque en el conocimiento asegura que el acceso a oportunidades no sea solo para quienes viajan en el autobús, sino también para quienes lo construyen, lo mantienen y lo conducen. Es ingeniería al servicio de las ciudades, donde la tecnología se adapta a las necesidades del operario y del usuario final

Transformando las ciudades

Superpolo ha sido el arquitecto de la movilidad en los sistemas de transporte masivo más importantes del país, con más de 6.500 unidades dedicadas exclusivamente a estos servicios. Su huella es visible en cada rincón:

Bogotá DC: Con más de 5.000 unidades que mueven la capital.
Medellín: Representa cerca del 70% de participación en el sistema SUVA, siendo pieza clave en la movilidad del Valle de Aburrá.
Cali: Más de 800 unidades facilitan el día a día en la Sultana del Valle.
Regiones en Crecimiento: Desde las 140 unidades en Bucaramanga hasta las 1 30 en Valledupar y 80 en Barranquea, la marca se adapta a la topografía y clima de cada región.

Hacia una movilidad sostenible

Mirar hacia los próximos 25 años implica un compromiso ineludible con el planeta. La visión de futuro de Marcopolo Superpolo está marcada por la movilidad limpia. La adaptación tecnológica hacia vehículos de cero y bajas emisiones no es una tendencia, es una responsabilidad con las futuras generaciones de colombianos.

Al integrar tecnologías sostenibles en los sistemas de transporte masivo, la compañía no solo mejora la calidad del aire de nuestras metrópolis, sino que redefine la experiencia de viaje, haciéndola más silenciosa, cómoda y humana; Celebrar 25 años es reconocer que cada bus que sale de la planta de Superpolo lleva consigo una promesa: la de un país conectado. Hoy, Marcopolo Superpolo reafirma su compromiso de seguir siendo más que un fabricante. Seguirá siendo el aliado de las ciudades, el motor de la industria y, sobre todo, el compañero fiel de los millones de ciudadanos que día tras día confían en su ingeniería para llegar a su destino. Porque al final del día, lo que realmente importa no es cuántos kilómetros recorre un autobús, sino cuántas vidas logra conectarse en el camino.

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Tribuna ANDI Cuando cumplir desplaza operar: La sobrerregulación que asfixia al transporte intermunicipal

En Colombia, el transporte terrestre intermunicipal de pasajeros enfrenta hoy una paradoja preocupante: mientras se le exige mayor eficiencia, calidad y formalización, se le impone simultáneamente una carga regulatoria creciente que amenaza con desviar su foco operativo y comprometer su sostenibilidad.

La Superintendencia de Transporte, en su rol de inspección, vigilancia y control, ha venido consolidando un esquema de supervisión intensivo en herramientas tecnológicas y programas de cumplimiento que, en la práctica, está desbordando la capacidad real de las empresas del sector. SICOV II, SARLAFT y el grama de Transparencia y Ética Empresarial (PTEP) son claros ejemplos. Estos instrumentos, en sí mismos, no son cuestionables; el problema radica en su acumulación de Problemática desarticulada, su implementación simultánea y, sobre todo, en la ausencia de un criterio de proporcionalidad que reconozca la heterogeneidad empresarial del transporte intermunicipal.

Hoy, muchas empresas transportadoras especialmente medianas y pequeñas están siendo forzadas a convertirse en organizaciones de cumplimiento antes que en operadores de transporte. Equipos administrativos volcados a alimentar plataformas, documentar procesos y atender requerimientos regulatorios, mientras la operación el corazón del negocio pierde prioridad. La pregunta es inevitable: ¿en qué momento el cumplimiento dejó de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo?

El diseño actual del modelo de supervisión parece asumir que todas las empresas cuentan con la misma capacidad técnica, financiera y organizacional para implementar sistemas complejos de gestión. Esta premisa, sencillamente, no corresponde a la realidad del sector El resultado es una presión desproporcionada que incrementa costos, fragmenta la gestión empresarial y genera un riesgo adicional: que el exceso de regulación termine incentivando la informalidad, precisamente lo contrario de lo que se pretende combatir. No se trata de
debilitar el control, sino de hacerlo inteligente. La supervisión efectiva
no es aquella que acumula exigencias, sino la que prioriza riesgos, articula herramientas y facilita el cumplimiento.

En este contexto, el sector transporte está llamado a tomar decisiones pragmáticas. Una de ellas, inevitable, es avanzar hacia la tercerización de las funciones de cumplimiento. Pretender que cada empresa desarrolle internamente capacidades para atender de manera independiente todos los sistemas exigidos no solo es ineficiente, sino financieramente inviable.

La externalización especializada permite generar economías de escala, elevar la calidad técnica del cumplimiento y, sobre todo, liberar a las empresas para concentrarse en lo esencial: operar, mantener flota, mejorar el servicio y responder a los usuarios. Sin embargo, esta solución empresarial no exime la necesidad de un ajuste institucional. La Superintendencia debe revisar el alcance, la integración y la gradualidad de sus exigencias. Persistir en un modelo fragmentado y acumulativo no fortalece al sector; por el contrario, lo debilita.

El transporte intermunicipal no puede seguir siendo tratado como un sujeto pasivo de obligaciones crecientes sin considerar su realidad operativa. Se requiere una conversación seria sobre cargas regulatorias, capacidades empresariales y sostenibilidad sectorial. Porque cuando el regulado dedica más tiempo a reportar que a operar, el sistema empieza a fallar. Y cuando el sistema falla, no solo pierden las empresas: pierde el usuario, pierde la conectividad regional y pierde el país

Editorial: Barranquilla cuando la voluntad mueve la flota

Barranquilla está demostrando que la renovación del transporte público no es un problema exclusivamente financiero. Es, ante todo, un tema de decisión. La ciudad ha iniciado un proceso concreto de modernización de su transporte colectivo con la incorporación de nueva flota, en un modelo que combina voluntad política, compromiso empresarial y una herramienta financiera que, bien aplicada, cambia el juego: el factor de calidad.

La llegada de los primeros buses nuevos parte de un paquete inicial de 100 marca un punto de inflexión en un sistema históricamente rezagado. No se trata únicamente de vehículos más modernos, con tecnología Euro VI, aire acondicionado y mejores condiciones de accesibilidad; se trata de un cambio estructural en la forma de financiar y organizar el transporte.

El elemento diferenciador está en el mecanismo. Barranquilla decidió incorporar un componente dentro de la tarifa —un recargo destinado al mejoramiento del servicio que, acumulado en el tiempo, se convierte en una fuente de apalancamiento financiero. En palabras simples: el usuario participa directamente en la transformación.

Este modelo, articulado con la banca y respaldado por el flujo futuro
del recaudo, permitió estructurar la renovación sin depender exclusivamente de subsidios estatales. Pero más allá del instrumento financiero, lo realmente relevante es la alineación de actores. La administración distrital, el gremio transportador y los operadores entendieron que el statu quo no era sostenible, y que la única alternativa viable era avanzar juntos.

Ahi está la clave. Durante años, en muchas ciudades del país, la discusión sobre la renovación de flota se ha quedado atrapada entre la falta de recursos, la atomización empresarial y la ausencia de liderazgo institucional. Barranquilla rompe ese ciclo con un mensaje claro: sí se puede, siempre que exista una visión compartida y una estructura que la soporte.

El impacto no es menor. más allá de los beneficios evidentes en confort,
emisiones y seguridad, este tipo de iniciativas tiene un efecto directo en
la percepción del sistema. El usuario vuelve a confiar. Y cuando el usuario
confía, el sistema se vuelve sostenible. Esa es una lección que trasciende la ciudad.

Ahora bien, ¿es replicable? La respuesta es sí, pero no automáticamente. El factor de calidad como herramienta financiera puede implementarse en otras ciudades, pero requiere condiciones mínimas: institucionalidad sólida, capacidad de gestión, transparencia en el uso de los recursos y, sobre todo, un acuerdo real entre transportadores y autoridades.

Barranquilla no inventó la necesidad de renovar flota. Lo que hizo fue ejecutar. Y en un sector donde abunda la competencia desleal y los profundos diagnósticos pero escasean las decisiones, eso marca la diferencia.

El reto ahora será mantener el ritmo. La proyección de ampliar la renovación a cientos de unidades adicionales plantea un escenario
ambicioso, pero necesario. Si el modelo se consolida, la ciudad no solo
habrá transformado su transporte colectivo, sino que habrá establecido un referente nacional. En un país donde muchas veces se dice que no hay cómo, Barranquilla está demostrando que el problema no era el “cómo”. Era el “querer”.

Crisis aérea que advierte a Transportadores terrestres.

Se encienden las alarmas en el transporte terrestre colombiano ante la volatilidad de los costos operativos.

La Caída de un Gigante del Bajo Costo

El sector del transporte global ha recibido un impacto sistémico con el cese de operaciones de Spirit Airlines. Lo que comenzó como un modelo de eficiencia en los cielos de Estados Unidos, terminó sucumbiendo ante una tormenta perfecta de deudas y, fundamentalmente, una estructura de costos insostenible. El factor determinante en esta ecuación de fracaso ha sido el incremento desmedido del petróleo, que ha llevado el precio del combustible a niveles críticos para cualquier modelo de negocio basado en tarifas competitivas. Esta situación no es un evento aislado. Datos recientes confirman que 20 de las aerolíneas más importantes del mundo han tenido que recortar drásticamente su capacidad operativa durante el mes de mayo. La subida del queroseno, exacerbada por la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio y la guerra entre Irán e Israel, ha dejado a empresas como Lufthansa, United y Delta recalculando sus rutas para evitar números rojos.

Foco Técnico: Al igual que en la aviación, en el transporte terrestre el combustible representa hasta  Un 40% de los egresos operacionales. Cualquier  Variación internacional impacta directamente en el  flujo de caja del transportador.

El Efecto Espejo en las Carreteras de Colombia

Al aterrizar esta realidad en nuestra geografía, la reflexión es obligatoria para los empresarios del autobús en Colombia. Las empresas que operan chasis de alto rendimiento y tecnología Euro VI hoy enfrentan un escenario muy similar al de las aerolíneas. El alza en el precio del ACPM (Diesel), sumada a la inflación de insumos como neumáticos y lubricantes, está asfixiando los márgenes de operación de flotas nacionales. Si las aerolíneas, con su capacidad de ajuste tarifario rápido, están recortando frecuencias, el transportador terrestre colombiano se encuentra en una posición aún más vulnerable. El incremento de los costos operativos en el país no solo responde al petróleo, sino también a la devaluación que encarece los repuestos de marcas como Volvo, Scania y Mercedes – Benz, pilares de nuestra industria.

Hacia una Crisis de Conectividad Nacional

La gran preocupación radica en que este fenómeno desencadena una crisis de transporte de pasajeros. Cuando la operación de una ruta deja de ser rentable debido al combustible, el resultado es la desconexión regional. Si el autobús que es la columna vertebral de la movilidad en Colombia no recibe condiciones de estabilidad operativa, podríamos ver un cierre de servicios en corredores estratégicos, dejando a miles de ciudadanos sin opciones de desplazamiento. Al igual que Spirit tuvo que apagar sus turbinas, las empresas de transporte interdepartamental podrían verse obligadas a dejar vehículos en los patios. La lección que nos deja el sector aéreo es clara: la tecnología y la eficiencia técnica son vitales, pero no bastan si la política de precios de energía no es previsible.

Reflexión Editorial: La sostenibilidad del transporte no es solo un tema de “buses nuevos”, sino de un equilibrio financiero que permita seguir moviendo alpaís por sus venas de asfalto.

Tecnificación: El Único Salvavidas

Para evitar un “efecto Spirit” en las empresas de autobuses, la industria colombiana debe acelerar su tecnificación. El manejo eficiente, la telemetría avanzada y la optimización de rutas son las únicas herramientas para mitigar el impacto de los costos externos. No podemos permitir que el alza del crudo detenga el progreso que el sector ha logrado en renovación de flota y confort para el usuario. En conclusión, el transporte es un sistema integrado. Lo que hoy ocurre a 30,000 pies de altura es una advertencia directa para quienes recorren nuestras cordilleras. La crisis de las aerolíneas es el preámbulo de un desafío mayor: garantizar que el derecho a la movilidad no se convierta en un lujo impagable por culpa de la volatilidad energética global

Kilómetros que construyen legado

Más de cuatro décadas recorriendo nuestro país y una elección que se mantiene firme: los buses de Chevrolet.

Desde 1986, Don Carlos ha recorrido la topografía colombiana de
punta a punta. Entre subidas exigentes, curvas interminables y
jornadas largas, su experiencia demuestra por qué el desempeño, la
eficiencia y la confiabilidad de un bus hacen la diferencia cuando la
carretera es el lugar de trabajo.

“La carretera no perdona. Por eso el bus tiene que estar a la altura del
país”

Don Carlos empezó a manejar vehículos de servicio público en 1986, en el transporte urbano de Bogotá. Eran otros tiempos: el conductor no solo manejaba, también cobraba, hacía jornadas extensas y resolvía todo sobre la marcha. Con los años, su ruta lo llevó al transporte intermunicipal, donde la exigencia es mayor y la experiencia se vuelve el principal aliado.

En 1998 llegó a Flota Magdalena, empresa en la que lleva más de 27 años. Desde entonces, su vida ha transcurrido entre carreteras, madrugadas y kilómetros acumulados.

“Colombia se maneja distinto: aquí hay subidas, curvas y climas que ponen todo a prueba.”

La topografía colombiana no es sencilla. Don Carlos lo sabe bien: páramos, descensos largos, curvas cerradas y cambios constantes de temperatura hacen que el desempeño del bus sea clave.

En su experiencia, los buses Chevrolet han respondido bien a esas condiciones. Destaca la fuerza del motor en las subidas, la estabilidad en recorridos exigentes y el control de temperatura incluso en trayectos largos. Para él, que el bus mantenga un rendimiento constante es fundamental para cumplir la ruta sin contratiempos.

“Cuando uno pasa tantas horas al volante, la comodidad deja de ser un lujo.”

Las jornadas largas hacen que cada detalle cuente. Don Carlos resalta la suavidad de manejo, la dirección más liviana y la reducción del ruido en cabina, factores que hacen el trabajo más llevadero y ayudan a llegar menos fatigado al final del día.

Además, valora sistemas de apoyo a la conducción como el arranque en pendiente, que aportan tranquilidad en situaciones cotidianas y reducen el esfuerzo físico del conductor.

En rutas largas y con alta demanda, el consumo de combustible se vuelve un factor decisivo. Don Carlos destaca el rendimiento del bus Chevrolet, incluso con el aire acondicionado en funcionamiento durante todo el trayecto.

Para él, la eficiencia no solo impacta los costos, sino también la planeación del viaje y la tranquilidad de la operación.

“En carretera, saber que hay respaldo en cualquier lugar marca la diferencia.”

Después de tantos años, Don Carlos valora especialmente la confiabilidad del producto y el respaldo de la marca. La disponibilidad de repuestos, el conocimiento de los mecánicos en todo el país y la posibilidad de resolver imprevistos sin depender exclusivamente de una grúa son aspectos que aportan seguridad en el día a día.

A esto se suma la durabilidad de los componentes del chasis y el buen valor de reventa, elementos que hacen que la inversión se sostenga en el tiempo. Y es que desde que inició a conducir los antiguos CHR 580, o los poderosos LV 150, nunca supo lo que significaba rodar sin respaldo.

“Chevrolet ha sido parte de mi vida laboral.”

Hoy, pensando en el futuro y en una jubilación cercana, Don Carlos atrás con orgullo. Durante décadas, Chevrolet ha sido su herramienta de trabajo, acompañándolo en rutas exigentes – como sólo quienes manejan en Colombia conocen en una vida dedicada al servicio.

Porque cuando el bus responde, el conductor puede concentrarse en lo más importante: llevar a las personas a su destino con seguridad y volver a casa y reunirse con su familia con la tranquilidad de haber hecho bien su trabajo.

Tribuna ANDI: Eficiencia energética en el transporte terrestre: Una oportunidad real de ahorro y sostenibilidad

Hernando Tatis Gil – Director Ejecutivo – Cámara de Transporte de Pasajeros de la ANDI

El transporte terrestre de pasajeros enfrenta hoy un punto de inflexión estratégico. Durante décadas, las empresas del sector han operado bajo un modelo intensivo en combustible fósil, altamente sensible a las variaciones en los precios, sus incrementos constantes y cada vez más presionado por exigencias ambientales, regulatorias y con las mismas tarifas.

En este contexto, la incorporación de tecnologías de eficiencia energética no es simplemente una tendencia ambiental; se está convirtiendo en un factor determinante para la sostenibilidad económica de las empresas transportadoras, quienes están en la obligación de encontrar las mejores alternativas para reducir sus costos de operación.

Una de las innovaciones con mayor potencial en este frente es la integración de sistemas de paneles solares en los buses de transporte
terrestre de pasajeros. Gracias a los avances en tecnología fotovoltaica flexible y ultraliviana, hoy es posible mediante un proceso sencillo, y a un bajo costo, cercano a los $3.400 USD lograr instalar paneles solares en los techos de buses, nuevos y usados y en vehículos de cualquier modo de transporte sin afectar su estructura, ni su operación.

Esta solución permite aprovechar una superficie hasta ahora subutilizada para generar energía limpia que alimenta los sistemas eléctricos auxiliares del vehículo, tales como los aires acondicionados, los sistemas de audio y video, puertos de cargas eléctricas, entre otros, reduciendo entre un 5% a un 20%, el consumo de combustible y mejorando la eficiencia operativa de los vehículos, trayendo consigo un
retorno de la inversión óptima, en un promedio de seis (6) meses. La relevancia de esta innovación radica en que ataca simultáneamente tres
de los principales desafíos estructurales del sector: el incremento sostenido en los costos de combustible, la necesidad de mejorar la eficiencia operativa y el cumplimiento de metas de reducción de emisiones, además de ser pilar fundamental de los gobiernos frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Desde la perspectiva financiera, los beneficios pueden ser significativos. La generación de energía solar a bordo permite disminuir la carga sobre el alternador del vehículo, lo que reduce el consumo de combustible asociado a los sistemas eléctricos auxiliares. En flotas de transporte intermunicipal que operan largas distancias y altos ciclos diarios de operación, incluso reducciones marginales en consumo energético se traducen en ahorros acumulados relevantes a lo largo del año.

Adicionalmente, la incorporación de estas tecnologías puede beneficiarse de incentivos tributarios asociados a proyectos de energías renovables. En Colombia, la normativa vigente contempla que este tipo de proyectos, son deducibles en hasta el 50% de la inversión en el impuesto de renta, además de exenciones de IVA y aranceles para la importación de equipos de generación solar, así como beneficios fiscales que reducen la base imponible para inversiones en tecnologías limpias. Estos instrumentos mejoran sustancialmente el retorno de la inversión y aceleran los tiempos de recuperación de capital.

Más allá del componente económico, el impacto ambiental es igualmente relevante. El sector transporte es uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero a nivel global. Cada reducción en consumo de combustible implica una disminución directa en las emisiones de C02, contribuyendo a los compromisos climáticos del país y a las metas de transición energética.

Otro aspecto clave es la escalabilidad de la tecnología. A diferencia de otros procesos de transición energética que requieren reemplazos completos de flota o grandes inversiones en infraestructura, los sistemas solares vehiculares pueden implementarse de manera progresiva sobre vehículos existentes.

Esto convierte a la energía solar aplicada al transporte en una herramienta de modernización pragmática y financieramente viable para el sector. El transporte terrestre de pasajeros ha demostrado históricamente una gran capacidad de adaptación frente a los cambios tecnológicos, regulatorios y económicos. Hoy, frente a los desafíos de
la transición energética y la competitividad empresarial, la incorporación de soluciones de eficiencia energética como los paneles solares representa una oportunidad concreta para reducir costos operativos, mejorar el desempeño ambiental y fortalecer la sostenibilidad
del negocio.

En un sector donde cada punto de eficiencia cuenta, aprovechar la
energía del sol que acompaña diariamente las rutas del transporte
colombiano puede convertirse en una ventaja estratégica para las empresas y en un paso importante hacia una movilidad más sostenible,
además de estar a la vanguardia de los avances en el sector pues este tipo de iniciativas vienen siendo adoptadas por Europa y Norteamérica desde hace 5 años.

Tribuna ANDI ¿Está el sector transporte preparado para la llegada de FlixBus?

Hernando Tatis Gil – Director Ejecutivo – Cámara de Transporte de Pasajeros- ANDI

El transporte intermunicipal de pasajeros en Colombia se encuentra
ante un punto de inflexión. La posible llegada de un actor global como
FliBus, reconocido por transformar los mercados de transporte terrestre en Europa y América Latina, plantea un desafío sin precedentes para un sector que, aunque resiliente y comprometido con la formalidad, enfrenta profundas asimetrías en competitividad, tecnología y estructura empresarial.

Durante décadas, el modelo colombiano ha estado soportado en empresas con arraigo regional, una fuerte vocación de servicio y un
marco regulatorio rígido que garantiza la seguridad y la legalidad de la operación. Sin embargo, este mismo marco ha limitado la velocidad de adaptación tecnológica, la integración digital, la conexión de rutas mediante empalmes y la posibilidad de generar economías de escala en un entorno que cada día exige más innovación, eficiencia y sostenibilidad.

FlixBus representa una nueva lógica de negocio: plataformas digitales, analítica de datos, estandarización de procesos y una experiencia de usuario centrada en la conectividad y el precio. Su posible llegada no debe ser vista como una amenaza, sino como un espejo que nos obliga a preguntarnos si estamos realmente preparados para competir en igualdad de condiciones.

La respuesta pasa, en primer lugar, por fortalecer la acción gremial, la
cual no puede limitarse a la defensa de los intereses empresariales tradicionales; sino que debemos convertirnos en verdaderos articuladores de innovación sectorial. Necesitamos promover estándares tecnológicos comunes, impulsar proyectos de transformación digital compartidos, y facilitar el acceso a herramientas de inteligencia de mercado que permitan a las empresas nacionales competir con modelos globales.

En segundo lugar, el sector debe avanzar en alianzas estratégicas y
cooperación empresarial. El futuro no será de las empresas aisladas, sino de las redes colaborativas capaces de integrar tecnología, servicio y cobertura. La cooperación entre empresas nacionales podría dar lugar a plataformas conjuntas, programas de fidelización, o esquemas de integración operativa que permitan aprovechar economías de escala sin perder identidad ni cumplimiento normativo.

Finalmente, papel esencial el Estado La regulación tiene también del
transporte intermunicipal debe evolucionar para fomentar la innovación, garantizar la competencia leal y mantener la seguridad como principio no negociable, lo que se traduce en una necesaria actualización del Decreto 1 079 de 201 5, en el que se integraron las disposiciones del Decreto 171 de 2001. La apertura a nuevos modelos no puede hacerse en detrimento de quienes han sostenido la operación legal durante décadas. Por eso, urge revisar los marcos tarifarios, actualizar la tarifas piso del sector, los criterios de habilitación, los criterios para otorgar puntajes en las licitaciones para adjudicación de rutas y los incentivos para la modernización empresarial.

La llegada de FlixBus no será un fin, sino un punto de partida. Es el momento de replantear la competitividad del transporte intermunicipal colombiano desde una visión de largo plazo, en la que la tecnología, la cooperación y la sostenibilidad se conviertan en pilares de un nuevo modelo empresarial.

El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad de demostrar
que el transporte intermunicipal colombiano tiene la capacidad de reinventarse, competir y liderar con tecnología, identidad, formalidad y
sostenibilidad.