Oscar Roa, enviado especial Latinobus
Habían transcurrido casi 5 años desde mi última visita al Eje Cafetero. De hecho, en esa ocasión viajé con compañeros busólogos quienes tienen por costumbre y cuando el tiempo se pone a favor, ir a alguna población para variar la rutina del día a día. Teniendo el tiempo y el antojo, ¿por qué no hacer una travesía en un bus de dos pisos?
¿Para Armenia o miedo?

Una de las ideas que circundaban mi cabeza era visitar Armenia, en el eje cafetero. ¿Por qué no? Lo mejor de todo es que dicha ciudad se encuentra no muy lejos de Medellín, mi lugar de residencia y adicional a esto, Flota Occidental tiene a su servicio el Gran Emperador Elite. La idea era salir un viernes por la noche y regresar domingo en la mañana.
No había que pensarlo mucho, ¿“Armenia o miedo”? Como el miedo no es más que una creación de nuestra imaginación y Armenia es la capital del Quindío entonces me dije “¡vámonos!”.
El tiquete se separa desde la tarde del viernes. Llego a la terminal 30 minutos antes de la hora de salida, y para mi sorpresa, me entero de que el viaje no se realizará por la vía tradicional (Medellín – Caldas – La Pintada), sino que tomaremos una ruta diferente. Ese mismo día se había caído parte de la banca en la vía, por lo que nos vemos obligados a tomar la ruta alterna Medellín – La Dorada – Mariquita – Fresno – Manizales. Serán más de 10 horas de viaje, y como “soldado advertido no muere en combate” nos aprovisionamos para la larga travesía.
La noche está fría, ha estado lloviendo y esto hace más emocionante el recorrido. Una vez termino de comer un sandwich con chocolate, procedo a pasar a la sala de espera de la Terminal del Sur; los torniquetes y el personal de vigilancia generan un ambiente de seguridad, pues revisan cada equipaje en busca de armas o sustancias ilícitas.
Listos para arrancar
El costo del pasaje es de $110.000, más costoso que de costumbre debido al cambio de ruta. Es una situación ajena a la voluntad de la empresa y de alguna forma, debe hacerse el viaje de forma rentable. Al salir a la zona de abordaje observo el imponente vehículo que nos llevará hacía Armenia, un Busscar Busstar DD con chasis Scania K410 Opticruise 6×2 de 2016. Es grato encontrar como a pesar de los años, aún se conserva intacto, y aunque bastante “engallado”, lo que nos interesa es su interior.
Mi asiento es el número 9 en la clase VIP, es decir, del primer piso, donde las 12 poltronas disponibles están ocupadas; el segundo piso no se queda atrás y el cupo del bus está completo. El personal de Flota Occidental aborda el vehículo para verificar que todos los viajeros estén ubicados en sus puestos y también suben los conductores a darnos la bienvenida e indicaciones del viaje. Siempre hemos hablado de la importancia de esto último; el conductor debe crear un vínculo con sus pasajeros, hablando con amabilidad y respeto, indicando su nombre y presentando el servicio.
Cosas que son indispensables y que tristemente muchos conductores en distintas empresas han dejado de hacer. ¿Se necesita que en las capacitaciones se recuerde a menudo este tema? Sería una buena idea realizar una encuesta sobre este fenómeno.

Siendo las 9:33 p.m. el vehiculó empieza su marcha. Salimos hacía el norte de Medellín tomando la Avenida Guayabal para hacernos rápidamente con la Avenida Regional y conectar con la Autopista Medellín – Rionegro. Uno de los conductores pasa al pasillo ofreciendo agua, gaseosas y comestibles, así que opto por comprar 2 bebidas y 4 snacks que trataré de rendir durante todo el viaje. A bordo hay pantallas de entretenimiento individual ofrecido por Funtoro, con variedad de música y películas, pero la comodidad del asiento invita a descansar y conciliar el sueño: el estreno lo dejaremos para dentro de un par de horas.
Al despertar empiezo a ver la primera película; ya hemos pasado por el municipio de La Dorada y a toda marcha nos dirigimos hacía Mariquita. Allí es donde más emocionado estoy, sintiendo como los 410HP moverán la máquina para hacer el ascenso hacía el municipio de Fresno y el famoso Alto de Letras. El WiFi no funciona muy bien por la geografía de la zona y, además, el clima no ayuda tampoco.
A las 6 a.m. hacemos una parada corta para desayunar y sólo bajamos unos 8 o 9 pasajeros, ya que la mayoría están dormidos y los conductores no quisieron
para abordar y seguir la marcha, en medio del pesado tránsito de esta vía, indispensable para la conexión entre las ciudades de Manizales, Ibagué y las demás poblaciones de Tolima y Caldas.

Ya nos encontramos atravesado la ciudad de Manizales, aunque la salida se hace lenta debido a algunas manifestaciones de ciudadanos; cuando por fin logramos avanzar, arrancamos a toda marcha hacía Pereira en medio de las curvas de esta sinuosa carretera, pasando primero por Dosquebradas, municipio vecino de la capital de Risaralda. Allí, en una estación de servicio, logré ver unas unidades de la carrocera nacional Busscar de Colombia, del modelo Busstar DD S1, que seguramente irán para exportación. En Pereira aprovecho la corta parada para bajar y comprar algunos medicamentos y comida en la terminal, una de las más organizadas de esta región.
Seguimos por la Autopista del Café hacía la capital del Quindío donde llegamos alrededor de las 12:25 del medio día. Al bajarme le agradezco a la tripulación por su compromiso con los viajeros, el estado del vehículo y sobre todo la conducción responsable. El vehículo es cómodo, y aunque tiene varios años en servicio, se nota su cuidado. El baño tenía agua y papel, (curiosamente este último no se ve mucho en otras empresas), detalle que Flota Occidental siempre tiene en cuenta en su servicio Gran Emperador Élite.
¿Quieren saber cómo fue el regreso por la vía tradicional? Nos leemos en la próxima edición de Latinobus.





