La participación femenina en Marcopolo Superpolo también cada vez más visible y equitativa

Empezar a estudiar Ingeniería Mecánica en la Universidad Nacional de Colombia, convirtiéndose en la única mujer en graduarse de su promoción, nos da una idea del nivel de empuje que Corín Sánchez tuvo para sacar su proyecto profesional adelante. Y es que, desde antes de obtener su título, ya rondaba los pasillos de la industria automotriz gracias a sus prácticas profesionales en el área de calidad de la extinta Compañía Colombiana Automotriz, legendaria empresa nacional que por décadas sería la encargada del ensamble de los vehículos Jeep, Peugeot, International, Zastava, Polski, Fiat, Mitsubishi y por supuesto, Mazda en nuestro país.
Su pasión por las máquinas, los motores y los autos le vino desde niña; por ello no quiso estudiar Ingeniería Industrial, pues no quería trabajar tras un escritorio, sino viviendo el día a día en una planta de producción. Dicen las abuelas “no digas – de esta agua no beberé-”, y curiosamente, su primer cargo como profesional graduada lo obtuvo en Superpolo como asistente de gerencia.

Tras un año en la compañía, pasó a la Jefatura de Planeación y Operaciones. Un área que se convierte en la interfase entre el área comercial y productiva y que permite a la fuerza de ventas ajustar las características del producto, los presupuestos y tiempos de entrega de acuerdo con las necesidades del cliente y la capacidad de la planta de producción. También estuvo a cargo de temas logísticos y producticos durante la reciente renovación del parque automotor del sistema TransMilenio (uno de los proyectos más grandes jamás fabricados por la carrocera de Cota), y desde hace dos años, en el departamento comercial.
“La industria metalmecánica siempre ha sido mi pasión, sobre todo, por los componentes tecnológicos necesarios para su operación y producción. En tiempos donde tanto se habla de cambio climático, los automotores en general y la industria automotriz cobran vital importancia. Los carros y los buses influyen en la calidad de vida de las personas, por ello, estar en Superpolo me permite trabajar en lo que me gusta, y aportar al bienestar de la comunidad”, afirma Corín.

De la industria automotriz a la carrocera
Si bien la fabricación de autobuses se ha tecnificado cada vez más, los volúmenes de producción y el nivel de personalización que tiene cada bus obligan a que muchos procesos deban hacerse de manera manual.
Sus primeros pasos en la industria, estando Corín en la CCA (en tiempos en que sólo ensamblaban producto Mazda), le permitieron aprender sobre estrategias productivas eficientes, filosofía Kaizen y estrategia de “5S”. ¿Qué tanto le impactaría pasar de una empresa donde la automatización reina, a otra donde las capacidades de los operarios pueden alterar el resultado final del producto?
“Por fortuna pasé de la CCA a Superpolo, la empresa carrocera más grande de Colombia y eso tiene peso. Además, el grado de tecnificación ha aumentado muchísimo en la empresa, y además de la mejora en los procesos productivos, también hemos incluido procesos robotizados en soldadura, máquinas CNC para el corte y doblado de materiales, además de tecnología de control numérico para el desarrollo de prototipos. Estar en una empresa tan abierta al cambio y donde realmente han valorado mi know how y los conocimientos que traía desde antes de ingresar, han sido una ventaja para desarrollarme profesionalmente” agrega Corín.

Siendo mujer, ingeniera y joven en la industria
Corín fue la persona más joven en llegar a una jefatura en Superpolo, una industria como la mayoría del sector carrocero, con mayoría masculina en su nómina. “Tenía bajo mi cargo personas que incluso me doblan en edad. Por fortuna, recibí tres consejos que han sido vitales en mi desempeño profesional: Primero, nunca olvidar que se trabaja con personas y valorar siempre a quien está detrás del resultado; segundo, recordar que uno es el producto de las personas que estuvieron detrás y por último, recordar que nunca se debe dejar de aprender. Por ello, cuando se llega a un cargo con humildad, se escuchan diversos puntos de vista y se tiene en cuenta la visión del otro, no importa a qué genero se pertenece: al final el respeto se gana” puntualizó.
Somos una “marca registrada”
Para Corín, el estilo tiene un alto grado de importancia. Y no se trata sólo de estética, sino de la forma en la que se hacen las cosas. Por ello, nada que genere más recordación (ahora que está en área de ventas de la compañía), que una buena imagen, demostrar conocimiento sobre el producto y las necesidades del cliente y saber transmitir la información a quienes están en los procesos de planeación y productivos de la empresa.

“Somos una mezcla de lo que sabemos y lo que mostramos. Cuando comencé en el área comercial, muchos clientes que me habían visto en planta se extrañaban de encontrarme vestida de manera formal, lejos del casco, la bata y las botas. Otros que no me conocían, se sorprendían de ver como una persona del área de ventas les hablaba con tal propiedad de las características técnicas del producto, de la forma en que funciona la planta y de lo que se puede o no hacer en la empresa. Al final, eso permite generar empatía, cercanía y confianza con los futuros compradores” indicó.
El futuro de Corín y Superpolo
La movilidad sostenible está a la vuelta de la esquina, y la empresa es consciente de ello. Por ello, la electrificación, los nuevos combustibles y modelos de operación hacen parte de su agenda. “Sin embargo, nosotros debemos tener en cuenta al cliente y sus necesidades y posibilidades. Por más que queramos evolucionar, quien toma la decisión sobre hacia donde se moverá el mercado es el transportador, que sabe lo que es rentable y posible para su negocio. De ahí la capacidad que debemos tener para conectarnos con él y trabajar de la mano”.


