ANGÉLICA GÁLVEZ: GERENTE DE BUSSCAR DE COLOMBIA

Una mujer a los mandos de uno de uno de los fabricantes de autobuses más reconocidos del país, de Latinoamérica y referente ya en otros continentes

Por: Charlie Rodríguez

Crecer a la sombra de dos personas de la talla de Roberto Gálvez y Luz Mary Valencia no era para nada fácil. La vara estaba ubicada muy arriba y las expectativas puestas en sus hijos eran máximas. Sin embargo, Angélica supo desde niña cuál era su lugar y tuvo clara su misión de mantener el legado de sus padres, tomando el mando de una empresa de la importancia de Busscar de Colombia.

La historia de la compañía es la historia de la familia: no sería posible pensar la una sin la otra. Angélica tendría 11 años, cuando su padre decidió alejarse de la política para proteger el buen nombre de los suyos y buscar una nueva forma de ganarse la vida. En ese entonces, se asoció con Rodrigo Giraldo y convirtieron su pequeño taller de reparaciones en Carrocerías de Occidente, siempre de la mano de su madre, quien sería una persona clave en el crecimiento, administración y organización del emprendimiento y por supuesto, el ejemplo de disciplina, organización y templanza que ella tomaría como referencia en el futuro.

Su hermano y ella nunca fueron ajenos al crecimiento de la carrocera. Desde muy pequeños siempre estuvieron al tanto de los procesos, veían cómo se construían los vehículos y de alguna forma, presentían que, de sus decisiones y vocación, dependería en gran parte el mañana de la empresa. “Mi hermano es un afiebrado de la tecnología y la electrónica, y a pesar de que hoy se dedica al desarrollo de soluciones informáticas, su conocimiento ha permitido que los productos que desarrolla terminen aplicándose a nuestros autobuses. Al final todos terminaríamos remando para el mismo lado”, afirma Angélica.

Foto: Busscar de Colombia

El momento de las decisiones

A pesar de haber crecido entre fierros, dos cosas esta-ban claras en la mente de Angélica cuando se graduó como bachiller. La primera, que su carrera debería ser útil para el crecimiento de la empresa y la segunda, que no quería trabajar en nada técnico. Fue así un intento fallido por ser contadora, propició sus estudios profesionales de Negocios Internacionales, orientada por la visión de sus padres. Hoy que Busscar de Colombia es el mayor exportador de autobuses del país, cobran más valor los consejos de “sus viejos” quienes de alguna u otra forma, tenían claro que la firma estaría destinada a trascender.

“Nosotros como hermanos sabemos que nuestras acciones impactan el bienestar de la familia. Algunas veces hemos tenido que sacrificarnos y renunciar a ciertos proyectos, entendiendo qué decisiones pueden afectar la unidad familiar, y cuáles pueden gene-rar beneficio para todos” agregó.

Una de esas importantes decisiones se tomaría hace 17 años, cuando luego de haber tenido que salir del país por motivos de orden público, decidió regresar a Colombia y comenzar una carrera dentro de la empresa. “Fue muy duro para nosotros entender que debíamos labrarnos un futuro en un lugar extraño y estábamos haciéndonos a la idea de ello. Por fortuna, las condiciones de seguridad cambiaron y fue allí cuando decidí que, si volvía, era para tomar las riendas de la compañía en algún momento” comenta Angélica.

Foto: Baul del Sol

Empezando desde abajo

El ingreso de Angélica a Busscar no fue a un cargo administrativo. Fue entendiendo el día a día, en la línea, casco botas y planilla en mano, iniciando en la supervisión de la planta de fibra de vidrio ubicada en La Romelia, sector de Dosquebradas. “A pesar de conocer un poco del negocio, yo no sabía de fierros, ni de fibras, no era ingeniera mecánica, eléctrica ni industrial. Pero ese era el camino correcto para conocer cada uno de los procesos productivos y saber cómo se construían los buses, cómo es la organización y de qué manera mi conocimiento podía llegar a aportar para lograr el objetivo. Hace seis años empezamos a internacionalizar a Busscar, y mi carrera y experiencia seguramente serán de utilidad para maximizar ese objetivo” agregó.

“Más que como una obligación, mis padres siempre guiaron mi vocación proyectándome hacia el futuro, y viendo en mi la persona que tomaría las riendas de la empresa. Por ello, desde niña, me involucraron en el día a día de la compañía, me hicieron empezar desde abajo conociendo todos los procesos y así logre ganarme el respeto de los trabajadores que hoy ven cómo podemos complementar nuestros conocimientos para sacar a Busscar adelante”.

Foto: Busscar de Colombia

Abriéndose paso en un “medio de hombres”

Hace 17 años, los esquemas productivos eran diferentes. La industria carrocera era comandada principalmente por hombres curtidos en el quehacer metalmecánico, que lideraban cada proceso de ensamble, diseño y desarrollo de los vehículos. Habían aprendido sobre la marcha y su conocimiento empírico les daba un alto grado de empoderamiento en la compañía. Ser mujer, joven, sin un título de ingeniería e “hija del dueño” por supuesto fue una carga para Angélica, quien a fuerza de carácter y disciplina logró ganarse el respeto de sus pares.

“Hoy en día desde mi cargo directivo no siento el peso de la discriminación. Pero recuerdo en mis inicios, estando en planta, tener que estar en la zona de M2 (la segunda nave del complejo donde se hacen los procesos de terminación), teniendo faltantes de estructura y los supervisores literalmente “me dejaban ahogar” y se burlaban de mí.

Foto: EL Tiempo

Curiosamente, eso no pasaba con los operarios de planta, quienes recibieron mi presencia con agrado y hasta valoraron que en determinados momentos mi sensibilidad permitiera entender sus problemas, incluso fuera del espacio de trabajo. Fue con el tiempo que logramos cambiar la mentalidad de los supervisores, haciéndoles ver que no se trataba de una competencia de conocimientos, sino de la suma de su saber y el mío para mejorar los procesos y sacar la empresa adelante.

Hoy en día tenemos personal mejor preparado, muchos de ellos son ingenieros, tienen nuevas competencias y sus roles de trabajo ha cambiado. Ahora hay un respeto mutuo, que se da más que por el miedo o la obligación, porque hay un dialogo fluido entre la gerencia y los departamentos” puntualizó.

Foto: Busscar de Colombia

¿Hacia dónde va Busscar de Colombia?

La empresa pereirana viene dando pasos firmes hacia la movilidad sostenible y prueba de ello, fue la presentación en pasa-dos meses de su modelo integral 100% eléctrico. Durante el proceso de entrega de la nueva flota de autobuses de cero y bajas emisiones de TransMilenio, Busscar fue protagonista despachando más de 700 unidades entre padrones y busetones a batería con chasís BYD y 200 busetones a Gas Natural sobre plataforma Scania que se suman a las miles de carrocerías puestas en circulación en Bogotá.

“Estamos jugados por la internacionalización de la marca y estamos apuntándole de manera muy fuerte a 4 mercados específicos a nivel mundial. Tenemos una gran fortaleza por la experiencia que ser proveedores de TransMilenio nos ha dejado, así que vemos en los nuevos sistemas masivos en el extranjero una importante salida de negocios que nos permita mantener nuestros niveles de producción.

Foto: Infolliteras

Hace 6 años también le apostamos al producto intermunicipal de exportación y gracias a buen nombre y la trayectoria que Busscar posicionó alrededor del mundo, hemos logrado importantes ventas”, agregó.

Angélica, hoy desde la gerencia general de una de las carroceras más importantes de Suramérica, también mira hacia el futuro. Una de sus hijas se inclinó por la Administración de Empresas, decisión que tomó luego de trabajar por algunos meses en la planta, donde pasó por la mayoría de departamentos conociendo el apasionante mundo de los autobuses. No sabemos si llegue a reemplazar a Angélica en unos años, pero lo que si queda claro es que tres generaciones de mujeres aguerridas han sumado sus esfuerzos para llevar a Busscar a otro nivel.

EURO 6: ¿NOS SALDRÁ EL TIRO POR LA CULATA?

Las decisiones de gobierno y país en pro del medio ambiente pretenden ayudar a encontrar ese objetivo, sin embargo a veces esas políticas traen un efecto bumerán inesperado

Por: Charlie Rodríguez – director Revista Latinobus

El cambio climático y sus consecuencias en la salud de la humanidad han sido materia de debate durante las últimas décadas, llevando a profundas transformaciones tanto políticas como técnicas en lo que al apartado del transporte se refiere.

Hay quienes dicen que la humanidad esta ad portas de una debacle ambiental, como quienes defienden su postura negacionista. Unos afirman que el planeta está en la recta final de su destrucción, que el clima está ardiendo y las especies rumbo a la extinción, mientras que otros, asumen que La Tierra está sometida a cambios cíclicos que hacen que se regenere, mute y se renueve.

Lo que es cierto es que la civilización como la conocemos hoy en día, es producto de lo que el conocimiento sobre la industria petrolera ha permitido construir; así como tardamos más de 150 años en entender que debíamos cortar la dependencia de los combustibles fósiles y de los derivados del crudo, la posibilidad de desarrollar nuevas formas de evolución técnica sin su presencia, también tomará tiempo y deberá ser llevada adelante de una manera responsable, tanto desde el punto de vista ambiental, como del financiero.

Cuando hablamos de normas Euro, lo primero que debemos entender es que la misma palabra nos remite al viejo continente. Allí el transporte público es realmente público, y es un servicio subsidiado en parte, o en su totalidad, por el estado. El transporte escolar también tiene un componente de subvención gubernamental y la movilización por carretera es bastante insipiente, siendo los transportes ferroviarios y aéreos los preferidos por la población.

Por ello, cuando se decidió que a partir de 2023 todos los vehículos con motores de combustión a Gas Natural o Diésel de pasajeros que se comercializaran en el país deberían cumplir con el estándar Euro 6, seguramente muchas buenas intenciones estaban ligadas al decreto que lo hacía obligatorio. Pero ¿alguien pensó en la real aplicabilidad de la norma, teniendo en cuenta que el transporte en Colombia es un servicio operado por privados?

La realidad es que la suma de la guerra en Ucrania, la pandemia, el cambio de gobierno, la escasez de partes y demás factores sociopolíticos, encarecieron los bienes tecnológicos, como lo son los automotores. Pero ahora a la inflación, hay que sumar el costo que representa para importadores y fabricantes locales instalar los dispositivos de control de emisiones en los chasises de bus que, de acuerdo con lo visto en los más recientes lanzamientos, puede oscilar entre 25 a 35 mil dólares por vehículo.

¿Qué significa todo eso? Pues que un busetón de 40 pasajeros (la tipología más popular en el mercado), que antes de pandemia podía costar unos 300 millones de pesos, ahora valdrá casi 600. Los buses de gran tamaño que podrían costar 700 millones antes de pandemia, ahora se comercian por encima de los 1.000 millones de pesos; costos que deben ser asumidos por los transportadores en su totalidad, sin ayuda del gobierno, y sin posibilidad de cargar este valor en el precio de sus servicios, so pena de ser investigados y sometidos al escarnio público por los entes de control.

¿Qué va a pasar entonces? Sencillo, que los periodos de renovación se alargarán, que cada vez menos empresarios comprarán buses nuevos, y que, en lugar de salvar el planeta, tendremos buses viejos, más contaminantes y menos seguros, rodando por muchos más años. ¿Será que al gobierno le saldrá el tiro por la culata?