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Editorial: Barranquilla cuando la voluntad mueve la flota

Barranquilla está demostrando que la renovación del transporte público no es un problema exclusivamente financiero. Es, ante todo, un tema de decisión. La ciudad ha iniciado un proceso concreto de modernización de su transporte colectivo con la incorporación de nueva flota, en un modelo que combina voluntad política, compromiso empresarial y una herramienta financiera que, bien aplicada, cambia el juego: el factor de calidad.

La llegada de los primeros buses nuevos parte de un paquete inicial de 100 marca un punto de inflexión en un sistema históricamente rezagado. No se trata únicamente de vehículos más modernos, con tecnología Euro VI, aire acondicionado y mejores condiciones de accesibilidad; se trata de un cambio estructural en la forma de financiar y organizar el transporte.

El elemento diferenciador está en el mecanismo. Barranquilla decidió incorporar un componente dentro de la tarifa —un recargo destinado al mejoramiento del servicio que, acumulado en el tiempo, se convierte en una fuente de apalancamiento financiero. En palabras simples: el usuario participa directamente en la transformación.

Este modelo, articulado con la banca y respaldado por el flujo futuro
del recaudo, permitió estructurar la renovación sin depender exclusivamente de subsidios estatales. Pero más allá del instrumento financiero, lo realmente relevante es la alineación de actores. La administración distrital, el gremio transportador y los operadores entendieron que el statu quo no era sostenible, y que la única alternativa viable era avanzar juntos.

Ahi está la clave. Durante años, en muchas ciudades del país, la discusión sobre la renovación de flota se ha quedado atrapada entre la falta de recursos, la atomización empresarial y la ausencia de liderazgo institucional. Barranquilla rompe ese ciclo con un mensaje claro: sí se puede, siempre que exista una visión compartida y una estructura que la soporte.

El impacto no es menor. más allá de los beneficios evidentes en confort,
emisiones y seguridad, este tipo de iniciativas tiene un efecto directo en
la percepción del sistema. El usuario vuelve a confiar. Y cuando el usuario
confía, el sistema se vuelve sostenible. Esa es una lección que trasciende la ciudad.

Ahora bien, ¿es replicable? La respuesta es sí, pero no automáticamente. El factor de calidad como herramienta financiera puede implementarse en otras ciudades, pero requiere condiciones mínimas: institucionalidad sólida, capacidad de gestión, transparencia en el uso de los recursos y, sobre todo, un acuerdo real entre transportadores y autoridades.

Barranquilla no inventó la necesidad de renovar flota. Lo que hizo fue ejecutar. Y en un sector donde abunda la competencia desleal y los profundos diagnósticos pero escasean las decisiones, eso marca la diferencia.

El reto ahora será mantener el ritmo. La proyección de ampliar la renovación a cientos de unidades adicionales plantea un escenario
ambicioso, pero necesario. Si el modelo se consolida, la ciudad no solo
habrá transformado su transporte colectivo, sino que habrá establecido un referente nacional. En un país donde muchas veces se dice que no hay cómo, Barranquilla está demostrando que el problema no era el “cómo”. Era el “querer”.

Crisis aérea que advierte a Transportadores terrestres.

Se encienden las alarmas en el transporte terrestre colombiano ante la volatilidad de los costos operativos.

La Caída de un Gigante del Bajo Costo

El sector del transporte global ha recibido un impacto sistémico con el cese de operaciones de Spirit Airlines. Lo que comenzó como un modelo de eficiencia en los cielos de Estados Unidos, terminó sucumbiendo ante una tormenta perfecta de deudas y, fundamentalmente, una estructura de costos insostenible. El factor determinante en esta ecuación de fracaso ha sido el incremento desmedido del petróleo, que ha llevado el precio del combustible a niveles críticos para cualquier modelo de negocio basado en tarifas competitivas. Esta situación no es un evento aislado. Datos recientes confirman que 20 de las aerolíneas más importantes del mundo han tenido que recortar drásticamente su capacidad operativa durante el mes de mayo. La subida del queroseno, exacerbada por la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio y la guerra entre Irán e Israel, ha dejado a empresas como Lufthansa, United y Delta recalculando sus rutas para evitar números rojos.

Foco Técnico: Al igual que en la aviación, en el transporte terrestre el combustible representa hasta  Un 40% de los egresos operacionales. Cualquier  Variación internacional impacta directamente en el  flujo de caja del transportador.

El Efecto Espejo en las Carreteras de Colombia

Al aterrizar esta realidad en nuestra geografía, la reflexión es obligatoria para los empresarios del autobús en Colombia. Las empresas que operan chasis de alto rendimiento y tecnología Euro VI hoy enfrentan un escenario muy similar al de las aerolíneas. El alza en el precio del ACPM (Diesel), sumada a la inflación de insumos como neumáticos y lubricantes, está asfixiando los márgenes de operación de flotas nacionales. Si las aerolíneas, con su capacidad de ajuste tarifario rápido, están recortando frecuencias, el transportador terrestre colombiano se encuentra en una posición aún más vulnerable. El incremento de los costos operativos en el país no solo responde al petróleo, sino también a la devaluación que encarece los repuestos de marcas como Volvo, Scania y Mercedes – Benz, pilares de nuestra industria.

Hacia una Crisis de Conectividad Nacional

La gran preocupación radica en que este fenómeno desencadena una crisis de transporte de pasajeros. Cuando la operación de una ruta deja de ser rentable debido al combustible, el resultado es la desconexión regional. Si el autobús que es la columna vertebral de la movilidad en Colombia no recibe condiciones de estabilidad operativa, podríamos ver un cierre de servicios en corredores estratégicos, dejando a miles de ciudadanos sin opciones de desplazamiento. Al igual que Spirit tuvo que apagar sus turbinas, las empresas de transporte interdepartamental podrían verse obligadas a dejar vehículos en los patios. La lección que nos deja el sector aéreo es clara: la tecnología y la eficiencia técnica son vitales, pero no bastan si la política de precios de energía no es previsible.

Reflexión Editorial: La sostenibilidad del transporte no es solo un tema de “buses nuevos”, sino de un equilibrio financiero que permita seguir moviendo alpaís por sus venas de asfalto.

Tecnificación: El Único Salvavidas

Para evitar un “efecto Spirit” en las empresas de autobuses, la industria colombiana debe acelerar su tecnificación. El manejo eficiente, la telemetría avanzada y la optimización de rutas son las únicas herramientas para mitigar el impacto de los costos externos. No podemos permitir que el alza del crudo detenga el progreso que el sector ha logrado en renovación de flota y confort para el usuario. En conclusión, el transporte es un sistema integrado. Lo que hoy ocurre a 30,000 pies de altura es una advertencia directa para quienes recorren nuestras cordilleras. La crisis de las aerolíneas es el preámbulo de un desafío mayor: garantizar que el derecho a la movilidad no se convierta en un lujo impagable por culpa de la volatilidad energética global

LA IMPORTANCIA DEL CONCEPTO DE TCO EN EL TRANSPORTE DE PASAJEROS

Analizando de algunos conceptos claves del transporte y la rentabilidad detrás del transporte de pasajeros en Colombia

Por: Charlie Rodriguez, Director Revista Latinobus

Foto: Freepik

El negocio del transporte de pasajeros en Colombia ha sufrido importantes cambios durante las últimas dos décadas, sobre todo en lo que a movilización urbana se refiere. Paulatinamente, las empresas de antaño y los pequeños propietarios han dado paso a operadores organizados, propiedad de reconocidos grupos económicos.

Por su parte, el componente especial, de cercanías y larga distancia continua en el esquema tradicional, que tal vez, es uno de los más democráticos en comparación con otros negocios. En nuestro país todavía es posible que cualquier persona que quiera emprender, logre hacerse a un microbús, bus o buseta, y comenzar a ganar dinero previa afiliación a una empresa de transporte legalmente establecida.

Con el nuevo orden económico derivado de la pandemia, y las nuevas agendas políticas mundiales que buscan reducir las emisiones al máximo, los costos actuales de los vehículos y su operación se han incrementado considerablemente. Esto nos lleva a otro escenario donde no sólo la buena voluntad y la experiencia del pasado son necesarias para comprar un vehículo productivo, sino que debe realizarse un análisis exhaustivo de todos los costos asociados a la adquisición, uso y disposición final de estos. Es ahí cuando cobra importancia el famoso TCO.

Foto: MintransporteCo

Se trata del Costo Total de Propiedad (Total Cost of Ownership por su sigla en inglés), un indicador producto de tener en cuenta los costos fijos y variables en los que se incurrirá durante la vida útil de un bien productivo. El TCO se compone del precio inicial del vehículo, costo y consumo de combustible, costo financiero, costo de mantenimiento, valor de reventa, costo de llantas, seguros, cuotas y gastos externos de administración, además de los conductores. El cuantificar todas estas variables hará que se entienda cuánto cuesta realmente el mover un autobús, y cuánto dinero debe generar para ser rentable.

A pesar de que parezca un ejercicio simple, no siempre es entendido ni aplicado. Sin in muy lejos, la gran mayoría de los buses de dos pisos que ingresaron a las filas de las empresas nacionales, lo hicieron más como un elemento publicitario o por moda, que producto de un análisis concienzudo. Prueba de ello, es que son pocas las em-presas e inversionistas que han renovado este tipo de máquinas, y muchas las que no quieren saber nada de ellas.

Un ejemplo claro de que no siempre lo más barato inicialmente es lo más rentable, son los buses eléctricos que tan de moda están por estos días. En promedio, el costo por kilómetro de un bus urbano Diésel es de 0,96 USD/Km, contra los 0,65 USD/Km de un modelo eléctrico de similares características, si la proyección de uso se da a 10 años. Pero a la hora de la inversión inicial, el bus eléctrico será entre 30 % y 50% más caro que el Diésel.

Lo mismo aplica para los buses de carretera, donde hay modelos de todas las tipologías, unos más costosos, otros más elementales, pero donde toca mirar con lupa las condiciones comerciales, la trayectoria del importador, la disponibilidad de partes y el costo de reventa antes de girar el cheque. También hay que ser prudentes con quienes brindan financiación, sobre todo, con los que entregan el vehículo “con la cédula”, pero con altísimos intereses y sobre costos en seguros, comisiones, papeleos, además de penalidades por pago anticipado.

Del afán sólo queda el cansancio, por lo que la prudencia, el análisis y sobre todo, la calculadora, son sus mejores aliadas para hacer la mejor inversión.

Foto: El Colombiano

¿CUÁNTO CUESTA EL PASAJE DEL TRANSPORTE URBANO EN LATINOAMERICA EN 2023?

La movilidad no sólo es una acción cotidiana, sino también un gasto y un costo de nuestras vidas, una mirada a los valores en Latinoamérica

Foto:  Roman Shyshak

Transportarnos es quizá una de las actividades diarias más repetitivas a lo largo de nuestras vidas y con ello los costos, el precio que dicha acción acarrea. Latinoamérica como en otras regiones del mundo vive su propia realidad en cuanto a ámbitos y retos.

Los valores de los pasajes en los países dependen de variables como los índices de inflación, los ajustes en los salarios, costos de combustibles, alzas del costo de vida, la devaluación de las monedas y hasta las mismas políticas internas de los países.

Para Latinoamérica desafortunadamente el transporte público en las ciudades es uno de las debilidades y uno de los retos para atender en prácticamente todos los países, pasando por insatisfacción del servicio, carencia de infraestructura, informalidad, obsolescencia, demora en frecuencias, falta de cubrimiento, congestiones vehiculares, capacidad administrativa y técnica, entre otras.

Al ser una acción cotidiana que condiciona un costo y declara una parte del bienestar, se ve manifestado en calidad de vida como el costo de vida mismo, por eso vamos a echar una mirada a los precios de los pasajes en varias de las capitales más importantes en la región

Foto: Rovena Rosa /Agencia de Brasil

Aquí están los precios de pasajes desde el más costoso al más económico en las principales ciudades latinoamericanas:

  1. Montevideo, Uruguay: US$ 1.05 o US$1.20 (42 pesos uruguayos boleto de una hora, o 52 pago en efectivo).
  2. Lima, Perú: US$ 0.84 (3.20 soles).
  3. Sao Paulo, Brasil: US$ 0.83 (4.40 reales por un solo trayecto con conexión a otras líneas o servicios).
  4. Santiago de Chile; Chile: US$0.76 y 0.95 (600 y 800 pesos chilenos).
  5. Tegucigalpa, Honduras: US$0.65 (16 lempiras).
  6. Bogotá, Colombia: US$0.60 y US$0.56 (2.950 y 2.750 pesos colombianos).
  7. Quito, Ecuador: US$0.45 en metro y 0.60 integrado (bus y metro)
  8. Ciudad de México, México: US$0.26 (5 pesos mexicanos).
  9. Ciudad de Guatemala: US$0.12 y 0.14, hasta US$0.24 (1 y 2 quetzales).
  10. Caracas, Venezuela: US$0.10 (2 bolívares).
  11. Buenos Aires, Argentina: US$0.10 (35 pesos argentinos).